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¿Batatas políticas o víctimas del “bullying”?

Juan José Díaz Díaz
Especial para Presencia

En mi preciosa Isla del Encanto, muchos dicen que el deporte nacional es la política. Sin embargo, tengo que diferir de esa apreciación pues, en realidad, nuestro deporte nacional es el “bullying” contra todo el que huela a política.

Juan José Díaz Díaz. (Foto/suminsitrada)

Juan José Díaz Díaz. (Foto/suminsitrada)

Sí, de pronto, lo que se ha vuelto viral, de unas décadas para acá, es criticar y mofarse de los políticos porque… bueno, porque sí. Porque no se pueden defender, pues, “si se meten a la política, ¡que aguanten!” De hecho, el “bullying” contra los políticos ha llegado tan lejos que basta con que ganen una simple primaria para que les llamen barrigones, buscones, y hasta corruptos, sin haber siquiera ganado el escaño para el cual aspirarían oficialmente en las elecciones generales.

Matan a tres en un parque, y muchos piquetean en El Capitolio. Aparecen dos o tres maleantes vestidos de payasos, y los payasos profesionales se manifiestan… ¿dónde?… en El Capitolio. ¡Ah!, y pobre del que salga en defensa de los políticos, porque automáticamente le ponen el mote de “lambón”.

Por supuesto que por nuestra política han pasado funcionarios buscones y corruptos, pero decir que eso convierte a la clase política en corrupta, no solo es injusto, sino un disparate. Tal vez les parezca increíble, pero en Puerto Rico han arrestado más policías, enfermeras, maestros, líderes religiosos, médicos, mecánicos, entre otros profesionales, que políticos. Ese es el récord. Ahora, ¿por eso diríamos que todas estas clases son corruptas? ¡Claro que no! De cada una de esas profesiones tengo grandes amigos y familiares, a quienes respeto y amo con todo mi corazón, y jamás me tomaría el atrevimiento de siquiera insinuar que son corruptos o vividores.

Sin embargo, lo que me revienta es que muchos de los que catalogan de corruptos a los políticos, han extendido su “bullying” hacia los empleados y asesores de estos.

En más de dos décadas colaborando, directa e indirectamente con senadores y representantes, he visto que el 99% de los empleados en sus oficinas tiene bachillerato, maestría o doctorado, mientras que solo el 1% tiene cuarto año de escuela superior. Trabajan de 8:30 a.m. a 5:00 p.m., de lunes a viernes, pero cuando llega el tiempo de política, no solo cumplen con su trabajo profesional, sino que se tiran a la calle a hacer lo que se tiene que hacer, para garantizar que su jefe revalide. Son personas que, como dicen en el campo, “se fajan”. Son padres y madres de familias, la mayoría de ellos, que estudiaron, se prepararon y se convirtieron en servidores públicos por vocación. A pesar de ello, muchos les llaman “batatas políticas”.

Con toda la tranquilidad del mundo, como si fuera un pecado trabajar en la Casa de las Leyes, son víctimas del “bullying” que vengo mencionando en este artículo, muchas veces, por parte de personas que no dan un tajo ni en defensa propia.

Es más, por años, he visto más agresiones, faltas de respeto y motines en actividades deportivas, que en actividades políticas. He visto más deportistas irse a las manos, que líderes políticos. Sin embargo, defendemos el deporte como “algo que nos une”, y catalogamos a la política como “algo que desune”. No sé ustedes, pero algo aquí como que no cuadra.

A pocas semanas de recibir el 2017, me gustaría que reflexionáramos sobre este tema, y condenemos lo que haya que condenar, pero desistamos de atacar por atacar. Eso sí, si no le gusta mi recomendación, escríbame a jjddprusa@gmail.com, no vaya a El Capitolio a protestar. Bendecidos.

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