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Deja de quejarte y sé agradecido

Por: Dres. Carlos y Vidalina Echevarría

Recientemente observando una serie televisiva nos transportamos al Viejo Testamento y a los comienzos de la historia de la humanidad, cuando los israelitas salieron de Egipto. Éxodo 2:23 -25 nos habla de los muchos sufrimientos que vivieron allí y cómo Dios los sacó del cautiverio en respuesta a su clamor de pueblo y les puso a Moisés como su líder.

(Foto/Suministrada)

(Foto/Suministrada)

Este tuvo la valentía de enfrentarse al rey faraón de Egipto para que dejara ir al pueblo, pero el pueblo -a pesar de ver las señales que Dios les dio de que estaba con ellos- no dejaba de quejarse por todo lo que les faltaba. Se quejaban también de sus líderes y gobernantes, así como nosotros a menudo lo hacemos con nuestros líderes, gobernantes y esas personas que están en autoridad sobre nosotros y sobre nuestra tierra.

La historia nos revela que a pesar de que los hebreos habían visto la provisión y cuidado constante de Dios sobre ellos, se quejaban por el agua, por la comida y fue tanta la queja del pueblo que Moisés se enojó y clamó a Dios llevándole su queja. Dios le dice a Moisés: no los rechazan a ustedes sino a mí.

En números 11 uno al tres vemos como la constante queja del pueblo hizo airar a Dios que les respondió con fuego que quemó sus campos y sólo por la intercesión de Moisés Dios detuvo el fuego. Nosotros no somos diferentes a ellos. La constante que no agrada a Dios porque detrás de cada queja hay rebelión.

Mirando atrás en la historia la pregunta hoy es, ¿y qué de nosotros que vivimos quejándonos siempre por todo? Cuando nos quejamos somos desagradecidos y soberbios, y muchas veces culpamos a Dios por nuestros fracasos como pueblo y dejamos de descansar en su gracia. Donde hay soberbia hay ignorancia, donde no hay humildad hay queja y murmuración; dos actitudes desagradables.

Hoy tenemos latente en nuestra mente la situación que acabamos de vivir con la pérdida de los servicios necesarios de energía eléctrica y para muchos además los servicios de agua potable. Han sido días difíciles, pero hemos visto que Dios siempre está en control. Hemos podido ver familias y vecinos que a través de esta situación de carencia restauraron relaciones rotas y se reunieron y ayudaron ante la necesidad.

Dios quiere que tengamos un corazón perdonador y agradecido. Por tanto, demos gracias a todos esos empleados que dieron el máximo de sus esfuerzos para que pudiéramos recuperar nuevamente lo necesario para que la vida siga su normalidad. Fue una gestión de esfuerzo mixto tanto de nuestros líderes, ejecutivos, empleados públicos y de cada una de las personas que de una forma u otra dejaron sus hogares y se tiraron a la calle a servir aún en riesgo de sus propias vidas. Gracias empleados de la AEE. Gracias AAA. Gracias Policía de Puerto Rico. Gracias guardias municipales y cadetes que nos ayudaron con sus servicios, y gracias a todos aquellos que de una forma u otra hicieron nuestra vida más agradable. Es bueno tener lo necesario, pero costó esfuerzo y sacrificio a muchos.

Dejemos la murmuración como pueblo. Salmos 24:1 dice, “de Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan”. Dios está en control, es quien pone y quita gobernantes. Sólo pídele que te ayude a ser humilde, consciente de tus quejas y la negatividad de tu corazón; a ser agradecido y responsable de dar buen uso a todos los privilegios que disfrutas. Sigamos adelante como un pueblo unido y jamás seremos vencidos. No importando lo que venga todo obrará para bien de aquellos que aman a Dios.

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