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Reflexión: Durante el silencio

Rvda. Arelis Cardona

En días recientes hice una llamada telefónica a una tienda por departamentos. El cuadro iba dando las acostumbradas alternativas. Lo curioso fue que antes de cada transferencia, el sistema anunciaba: ‘Manténgase en línea durante el silencio’.

(Foto/Archivo)

¡Qué apropiado! Si no hubiera sido por la advertencia, yo habría enganchado pues el silencio era absoluto y prolongado. Esperé y finalmente pude escuchar el timbre al otro lado y con él, la esperanza de ser atendida por un ser humano, aumentó.

Hay ocasiones en que Dios guarda silencio. Momentos en que, habiéndonos comunicado con Él, la respuesta, preferiblemente rápida y en la afirmativa que anhelamos recibir, no llega. Es entonces cuando la frustración y el desánimo nos pueden llevar a pensar que no le interesamos a Dios. El testimonio bíblico registrado en libros tales como Job, Eclesiastés y Salmos revela cantidad de circunstancias donde Dios simplemente no contesta. No es un asunto personal, hasta Jesús en la cruz del Calvario, lo experimentó.

El clásico libro: ‘El Cristiano de Rodillas’, de autoría anónima, nos recuerda que orar es mucho más que pedir cosas…es comunión con Dios, relación íntima con Él, hablar con Él, no solo a Él. Orar, entonces, es más, mucho más que pedir. Es una oportunidad para conocerlo de cerca y aprender que, durante el silencio, Dios es y actúa.

‘Manténgase en línea durante el silencio’. No enganche la llamada, aunque parezca no responder. Durante el silencio, nosotros aprendemos a esperar, a confiar y descubrir en esa aparente ausencia: fortalezas internas y nuevas disposiciones externas. El silencio nos prepara para un nuevo encuentro con Dios, porque Dios siempre está cerca de los que le llaman con sinceridad (Salmo 145:18 TLA).

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