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El desaliento

Por Livio Ramírez del Ministerio Dios Habla Hoy
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Desaliento es sinónimo de desánimo lo cual significa perder la ilusión o la esperanza. Es un estado de frustración al no poder lograr algo. Los cristianos no están exentos del desaliento. La Biblia narra momentos de desaliento en las vidas de muchos hombres de Dios. El caudillo Moisés le pidió a Dios que le diera muerte ante su frustración con el pueblo de Israel que no cesaba de quejarse porque querían comer carne en vez del maná del cielo. Dios no contestó la petición de Moisés sino que envió al pueblo codornices desde el cielo, pero antes que fuese masticada, Dios hirió al pueblo con una plaga por haberle menospreciado. Aquella generación, por su desobediencia a Dios, no entró a la Tierra Prometida. Sin embargo, Moisés condujo a Josué y Caleb y a la siguiente generación hasta la Tierra Prometida.

(Foto/Suministrada)

(Foto/Suministrada)

El conquistador Josué también se desalentó cuando el pueblo comenzó a ser destruido por los enemigos. Dios le instruyó a que se deshicieran del anatema, un manto babilónico, oro, plata y dinero que Acán había tomado, provocando la ira de Dios. Luego de eliminar el anatema, Dios le dio la victoria sobre sus enemigos. El profeta Elías, luego de haber hecho caer fuego de Dios desde el cielo venciendo a los profetas de Baal, huyó ante el temor de perder la vida  ante Jezabel. En su desaliento, se acostó debajo de un enebro, y dijo a Dios: Basta ya, oh Dios, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. Dios no contestó su petición, sino que lo alimentó sobrenaturalmente, lo fortaleció, y le dijo: Levántate y come, porque largo camino te resta  (1R. 19:4, 7) Luego de esta experiencia, Dios lo mandó a ungir a Eliseo como profeta en su lugar.

Los discípulos también se desalentaron cuando crucificaron a Jesús porque esperaban que Jesús redimiese al pueblo de Israel. Y revelándose a los discípulos luego de su resurrección, Jesús les preguntó: ¿No era necesario que el Cristo padeciese estas cosas, y que entrara en su gloria? Como podemos ver, luego del desaliento de estos hombres de Dios, grandes obras fueron realizadas por medio de ellos. Es que nuestra esperanza debe ser el Señor. En uno de sus momentos de desaliento, meditando sobre la brevedad de la vida y su fragilidad, David dijo: Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti. (Sal 39:7) Y más adelante declara: Clamé a Dios; dije: Tú eres mi esperanza. Y mi porción en la tierra de los vivientes. Escucha mi clamor, porque estoy muy afligido (Sal 142:5-6) Es posible que hoy tú también te encuentres muy afligido; si es así, te recordamos que Dios todavía tiene planes contigo. Aliéntese tu corazón y confía en Dios.

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