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El miedo paraliza, aturde y provoca sentimientos contrarios

Por: Apóstol Wanda Rolón

Jesús abrió un camino en los cielos por donde vamos a subir y nos preparó morada para poder llegar al Padre.

El orden es vivir bajo el amparo del omnipotente Dios. Orden es vivir las directrices que el Padre nos dejó para que estemos seguros.

Apóstol Wanda Rolón (Foto/Suministrada)

Apóstol Wanda Rolón
(Foto/Suministrada)

Todos necesitamos tener un lugar seguro donde podamos confiar que estamos firmes.

Lo que Dios nos manda a hacer es para preservar nuestra vida; no es para bendecirlo a Él pues ya Él es bendito. Las bendiciones son para los hijos de Dios.

Es tiempo de edificar sólidamente. Tenemos que revisarnos internamente para ver si estamos haciendo las cosas como Dios nos ordenó.

Una persona insensata es quien no tiene sabiduría, prudencia ni sensatez. Si nos vamos a gastar en construir algo debemos de hacerlo con miras a que perdure.

Dios no nos pide perfección, Él nos pide sinceridad. (“Un corazón contrito y humillado Dios no lo desprecia.”  Salmos 51:17)

El Señor no necesita que de la noche a la mañana nos cambiemos la ropa ni la cara; Él nos pide que de la noche a la mañana nos postremos a su presencia y le permitamos al Espíritu Santo comenzarnos a dirigir a toda verdad y justicia.

Es tiempo de escuchar la voz de Dios y seguir sus directrices. Él no quiere que nadie se pierda sino que todos alcancen la salvación. Es tiempo de volvernos a Dios a escuchar su palabra y consejo.

Dios nos ama tal cual somos y está esperando que afinemos nuestro oído para que Él nos pueda hablar. El Señor desea que edifiquemos vidas firmes en Él.

El enemigo sabe que cuando un hombre y una mujer se paran firmes sobre la roca no importa lo que venga sobre esa casa no va a caer.

¿Qué es edificar? Es construir, colocar, depositar, añadir algo que va a salir de la nada y comenzará a exponerse.

El terror nos quiere mantener al margen  para que no nos manifestemos, si el temor nos controla no podemos avanzar. Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio para poder seguir edificando firmemente.

La edificación que hacemos bendice nuestra casa y nuestra vida.

“Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios.”  (Deuteronomio 28:1-2)

El obedecer y escuchar atentamente la voz de Dios trae bendición. Cuando escuchamos su voz y la ponemos por obra, Dios nos exalta y la gente reconoce que fuimos exaltados por Él.

¡Ay, de aquel que se levantó contra nosotros!  ¡Ay, de aquel que propuso hacernos daño! Dios tiene una cobertura especial para los hombres y mujeres que le aman y le obedecen.

“Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da. (Deuteronomio 28:8)

Hay que volver a la fe y a creerle a Dios. A los que se han dejado intimidar por las circunstancias, Dios les dice “Pon tu delicia en Jehová y el concederá todas las peticiones del corazón.”

“Te confirmará Jehová por pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos. Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti, y te temerán. Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar.  Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado.  Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas, y si no te apartares de todas las palabras que yo te mando hoy, ni a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos y servirles.” (Deuteronomio 28:9-14)

El desierto no es lugar para quedarse, sino que es un lugar de transición.

Construir y edificar se hace a través de hechos espirituales y obediencia.

Llegó el tiempo de oír y hacer. No basta solo con querer hacerlo, sino es que hay que hacerlo. Tenemos que comenzar a actuar y obrar en línea con la palabra de Dios.

Cuando le rendimos nuestra voluntad al Señor, se hace realidad Filipenses 4:13 “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. En todo lo que no podemos Dios nos va a ayudar. Él espera que tomemos la decisión.

Hay que reconocer que necesitamos a Dios. La indiferencia nos traerá problemas. Dios está buscando hombres y mujeres comprometidos. Tan comprometidos que velemos que no nos pase que seamos cisternas rotas, nubes sin agua y árboles sin frutos.

Es mejor obedecer a Dios que a los hombres para cuando vengan las tormentas, los embates y batallas sepamos que nuestra casa estará firme.

Todo lo que es de Dios está llamado a crecer, verse a no estar en el anonimato y ser exaltado. Sino vivimos conforme a los estatutos de Dios no podremos edificar familias y personas sanas para que Dios habite dentro de ellas. Debemos esforzarnos para creer.

“Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.” (Lucas 17:3-4)

Levantemos nuestras vidas como dice la escritura con la convicción y la fe de que Dios nos va a ayudar.

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