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El Universo

Por: Livio Ramírez

 

Cuando hablamos del mundo nos referimos al universo, de lo cual es parte el planeta Tierra en donde vivimos. La Tierra es solo una pequeña parte del universo. Sin embargo, con un telescopio superpotente podemos observar parte de las vastas maravillas del espacio exterior. Es allí donde se encuentran los cuerpos celestes como el Sol, la Luna, las estrellas y todos los astros, galaxias, satélites y planetas.

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Livio Ramírez Foto/Suministrada

Antes de continuar, adelante aclaramos lo que nos dicen las Sagradas Escrituras al respecto. En el principio creó Dios los cielos y la tierra. (Gn.1:1) Pero esto solo pueden creerlo los que tienen fe. El autor de la Epístola a los Hebreos dice: Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la Palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. (He. 11:3)

Para que comprendamos la grandeza de Dios, y para que podamos tener una idea de cuán grande es el universo, el telescopio más potentes del mundo en California revela que puede captar 200 millones de galaxias, y cada galaxia tiene en su interior un promedio de 100 mil millones de soles ardientes.

Muchos de los científicos que, por medio de un telescopio pueden ver ese majestuoso espacio, y palpar y ver otras obras de la naturaleza, como los océanos, el aire, el terreno, los animales, la lluvia, la nieve, y tantas otras maravillas, se preguntan cómo será posible, entonces, que un Dios que ha creado un universo tan vasto y variado, pueda preocuparse por la vida y el destino del ser humano. No piensan que el Dios que pudo formar una galaxia de 100 mil millones de soles ardientes, y sostenerla en el espacio, es el mismo Dios que creó al hombre a su imagen y semejanza, y lo llamó corona de su creación

La Biblia enseña que Dios sopló en la nariz de Adán, aliento de vida. Su cuidado va más allá de la respiración o del latido de nuestros corazones. Su amor llega a la necesidad más profunda de nuestra vida que es nuestro bienestar espiritual por la eternidad.

La Escritura dice que Dios hizo  una provisión amplia y maravillosa para todos sus creyentes. Dios nos amó tanto que envió a su Hijo Unigénito al mundo para que vivamos por Él. Pero así como el hombre puede negarse a comer, rechazando así la provisión de Dios para su vida temporal, de la misma manera, el hombre puede negarse a creer, y rechazar la provisión de Dios, por medio de Cristo, para una vida eterna.

Como la muerte física es la consecuencia de negarse a comer, también es la consecuencia del negarse a creer, lo cual lo lleva entonces a la muerte eterna. El apóstol Juan dice: El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo no tiene la vida (1 Jn. 5:12)

 

 

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