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En todo tiempo… dad gracias

(Foto/Suministrada)

Emelda Pizarro

El uso y la costumbre han encasillado el ejercicio de acción de gracias como un día que tradicionalmente se dedica para manifestar nuestro agradecimiento por el bienestar recibido. La práctica lo describe como ese día de reunir familia y amigos para confraternizar. Cuenta la historia que el “Thanskgiving Day”, fue una experiencia originada por emigrantes europeos que se establecen en América y que después de un largo y peligroso viaje, y un invierno de muchas privaciones, experimentaron la misericordia de Dios en las cosechas del próximo año. Así las cosas, los colonos ofrecieron un banquete en agradecimiento reconociendo la bondad del padre.

Dar gracias parece un asunto sencillo, pero no lo es. Es mucho más que cortesía y agradecimiento; porque el ejercicio en sí mismo de dar gracias, encierra un desafío que apunta hacia tu persona en carácter. Es cuando los desafíos de la vida comprometen nuestra voluntad, invitándonos a aceptar retos de Dios, que al final de la travesía nos llevan a experimentar misericordia y soberanía divina que opera en favor nuestro. Antes del banquete de estos extranjeros antecedió el temor, la carencia, la incertidumbre y el esfuerzo, pero predominó la fe, la esperanza, la confianza y la seguridad de que respuesta divina habrían de recibir.

La Palabra de Dios construye el ejercicio de acción de gracias como asunto fundamental en nuestra experiencia de fe. El apóstol Pablo lo presenta como un encargo aún más exigente desde la carta 1 Tesalonicense 5:18: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús para con vosotros”. “En todo” … Ese es el reto.

Pablo, desde su experiencia, establece que el secreto de dar gracias a Dios no tan solo en los buenos tiempos sino también en todo tiempo, es hacerlo “en el nombre de nuestro señor Jesucristo”. Por tal razón, la acción de dar gracias trasciende, se extiende y debe ser una constante de todos los días, “porque esta es la voluntad de Dios” que en todo tiempo nos hace bien. Acostumbramos a dar gracias por las bendiciones que hemos recibido, pero nos resulta difícil darle gracias a Dios cuando al parecer nuestra situación es adversa. Pero la verdad bíblica nos ayuda a comprender que poder dar gracias en todo tiempo no es un asunto relacionado a la costumbre o la tradición, sino a la persona de Jesucristo.

Él es nuestra paz, el socorro, la fortaleza, la justicia, la victoria, la sanidad, el pan de vida… la provisión. Él es soberano sobre los tiempos, la naturaleza y sus circunstancias. Jesús nos enseñó con su vivencia, porque dio gracias al Padre en todas las situaciones y por todas las cosas. Nosotros también podemos dar gracias en todo y por todo, porque dice su Palabra que Dios nos hace “más que vencedores, por medio de aquel que nos amó… Jesús”. Por tanto, que nada te aparte del amor de Dios que es en Cristo Jesús y en todo tiempo dad gracias porque en Él estamos completos.

¡Dios te bendiga!

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