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Palabra del Día: Fariseos o Creyentes

En todo tiempo Dios,  quiere trabajar con nosotros.

Uno de los factores por lo cual la iglesia no está creciendo ni desarrollándose al máximo es la religiosidad.

(Foto/Suministrada)

(Foto/Suministrada)

Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió. Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? (Mateo 9:9-11)

El enemigo siempre busca la manera de tocar las ramas para afectar el tronco.  Estamos en el momento de que las ramas que están injertadas puedan hablar lo mismo que habla el tronco (Jesús-discípulos).  Debemos tener cuidado de no ser ramas aisladas que por prestar atención a las mentiras del enemigo corramos el riesgo de ser cortadas.

Los fariseos andan en busca de su gloria personal en lugar de darle la gloria a Dios.

Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento. (Mateo 9:12-13)

El fariseo entiende que no tiene nada que aprender, pues ya lo sabe todo.  Siempre debemos tener un espíritu afable y enseñable, todos los días tenemos la oportunidad de aprender hasta de los niños.  Mientras tengamos la actitud de aprender estaremos en constante crecimiento, mirando el poder alcanzar la estatura de Jesús.

Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos. (Oseas 6:6)

Tenemos que tener cuidado con los prejuicios.  Si Dios, nos limpió con el precio de su sangre ¿Quiénes somos nosotros para decidir quien entra y quien no puede entrar al reino de los cielos?

No podemos ser amigos de todos, pero tampoco podemos rechazar a nadie.  Como quienes aman a Jesús, debemos tener su mismo espíritu. Dios nos llama a cubrir las faltas con amor, no el pecado.  La verdad no es negociable, cuando mostremos a Jesús hay que hacerlo en amor para que la otra persona se restaure.  Si la persona se humilla y pide perdón a Dios, nadie lo puede señalar.

Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.  Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando. (Mateo 23:12-13)

No nos llamaron para hacer separaciones sino para atraer las almas a Cristo para que sean salvos.  Dios nos pedirá cuentas por cada pequeñito que se aparte del reino a causa de nuestro prejuicio o de alguna palabra errante que hayamos pronunciado.  Tenemos que reevaluar nuestras posturas y convertirnos en buenos facilitadores y administradores de los misterios de Dios.  ¡Basta de lastimar el cuerpo de Cristo!

Los ¡ay! de Dios en la Biblia representan tiempo de juicio de su parte; el mismo Padre se encargará.

En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse. (Lucas 12:1-2)

¡Cuidado con los que están contaminados con la levadura hipócrita de los fariseos!  Hay que recordar que las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.  El estar rodeados de fariseos nos insensibiliza y nos contagia.  Eso no se nos debe pegar, siempre debemos de estar apasionados por Cristo y por las almas.

Debemos estar tranquilos pues Dios siempre pelea por sus hijos y los defiende.

Y Jesús se fue al monte de los Olivos. Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?  Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. (Juan 8:1-6)

Vamos al templo a adorar y aprender no a llevar chismes de otros.  Los escribas y los fariseos andaban siempre en busca de hacer quedar mal a Jesús.  ¿Si eran tan santos los fariseos porque se atrevían a profanar el lugar de Dios con una mujer quizás hasta a medio vestir?  Es evidente que a ellos no les interesaba Dios, sino el chisme, el señalamiento, ridiculizar a Jesús y destruir la mujer.  Los fariseos no tiraron la piedra primero porque iban tras Jesús para ver su reacción.  Jesús, no vino a destruir ni condenar a nadie, sino que vino a buscar y salvar lo que se había perdido.

Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. (1 Juan 4:7-8)

La iglesia de Cristo se caracteriza por el amor que El ha depositado en nosotros.  Hay que amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestros hermanos como a nosotros mismos.

No hay razón para vivir lejos de Dios, cuando el pagó un alto precio por nuestra redención.  Ninguno merecía el perdón de Dios, pero El nos los dio por su misericordia. No se nos puede olvidar de donde Dios nos sacó y quienes éramos antes de venir a los pies de Cristo.  Siempre que miremos atrás debemos dar gracias a Dios por el lugar donde estamos y hacia donde nos dirigimos.

La única esperanza para la humanidad son los hijos de obediencia que tienen el espíritu de Dios.  No podemos invalidar el poder de Dios sobre nuestras vidas con prejuicios, El nos llamó para libertar a los cautivos sin importar de que tengamos que libertarlos.

Si de algo debemos ser ricos es en amor, misericordia y la gracia de Dios.  Dios nos creó para hacer buenas obras.

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