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La manipulación

Por: Livio Ramírez

El engaño es uno de los actos más condenados por Dios. La Biblia lo señala como fraude y mentira. Cuando Dios instituyó las ofrendas quiso que fueran voluntarias. Por eso aceptó con agrado la ofrenda que le llevó Abel: de los primogénitos, los más gordos; contrario a Caín que le llevó del fruto de la tierra, una ofrenda. Cuando Moisés comenzó a construir el santuario, el pueblo ofrendó voluntariamente, mucho más de lo que se necesitaba para la obra, tanto que Moisés tuvo que ordenar que no llevaran más ofrendas. Ahora bien, es lamentable oír algunos maratones que se hacen para cubrir necesidades económicas de ciertos ministerios en los medios de comunicación. No criticamos estos eventos pues el diezmar y ofrendar es un mandato de Dios. Además, el apóstol Pablo dice: Los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio. (1 Co. 9:14)

(Foto/Suministrada)

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Sin embargo, censuramos la manipulación mediante el engaño de advertencias y promesas de bendiciones, citando las Sagradas Escrituras, para motivar al público a ofrendar. Esto no es necesario ya que la Palabra de Dios garantiza que el Señor suplirá todas nuestras necesidades, si le somos fieles; que Dios honra a los que le honran, y que las puertas del infierno no prevalecerán contra la iglesia. Hay también líderes religiosos que prometen prosperidad a los que contribuyen económicamente con su causa. Si bien es cierto que las escrituras mencionan historias motivadoras de hombres ricos como Abraham y el rey Salomón, también mencionan historias de gente pobre, como la viuda que solo tenía una vasija de aceite, y la otra viuda que ofrendó la única moneda que tenía. Refiriéndose a las iglesias de Macedonia, el apóstol Pablo dice: porque, en las grandes tribulaciones con que han sido probadas, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. (2 Co. 11:2) Los testimonios de esos personajes bíblicos son con el único propósito de enseñarnos a buscar primeramente el reino de Dios y su justicia.

Esa manipulación es realmente un engaño pues la Palabra de Dios no promete riqueza ni pobreza económica, sino la espiritual. El Proverbista lo resume así: Vanidad y mentira aparta de mí, y no me des pobreza ni riquezas, sino susténtame con el pan necesario. (Pr. 30:8) Y el Señor nos reta: Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi Casa: Probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, a ver si no os abro las ventanas de los cielos y derramo sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. (Mal. 3:10) No engañemos más al pueblo; enseñémosle a diezmar, y todas nuestras necesidades serán cubiertas.

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