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La seguridad de nuestros viejos

Por: Luis A. Pagán, MA, experto en Seguridad / Para Presencia

En los países de Oriente los envejecientes son venerados, respetados, amados y protegidos. De ellos emana la sabiduría, el conocimiento y la experiencia. En nuestros países latinoamericanos lamentablemente es lo contrario.

(Foto/Suministrada)

(Foto/Suministrada)

Es muy triste ver que una persona luego de haber dedicado su vida al trabajo digno, aportar a la sociedad y levantar una familia con trabajo y sacrificio termine los días de la edad de oro de manera indigna, solo, y víctima del abuso y atropello de muchos. Es nuestra responsabilidad como sociedad tomar conciencia de que cada a vez más es importante asegurar el bienestar de nuestros envejecientes. Ellos lo merecen.

La creciente falta de valores en unión a una marcada situación económica en deterioro, provoca factores que afectan directa e indirectamente la seguridad de las personas de la edad de oro. Esta situación no solo ocurre por factores externos sino que también a nivel de núcleo familiar. Diariamente somos testigo de los abusos cometidos por los que deberían ser responsables de proteger a estos seres que han cumplido dignamente con su responsabilidad familiar y social.

Resulta complicado a la hora de decidir, como familia, el cuidado de nuestros padres cuando ya no pueden valerse por sí mismos. Cada vez, en mayor grado, vemos en los medios de comunicación situaciones que ocurren en centros de cuidados de envejecientes relacionadas a su seguridad.

Generalmente de manera reactiva los gobiernos atienden estas situaciones después que ocurren incidentes desgraciados o que son denunciados públicamente, tales como maltrato físico, incendios, abusos psicológicos, cuidados deficientes etc.

La decisión que se tome respecto al cuidado de nuestros padres o familiares debe ser analizada y evaluada no solo desde la perspectiva económica, sino también desde la parte de su seguridad física y mental. Igualmente, en el caso de los que todavía están aptos de valerse por sí mismo, es nuestra responsabilidad mantener un monitoreo adecuado de ellos.

Los envejecientes en ocasiones pierden cierto grado de malicia y se comportan como niños. Ese factor es importante tenerlo en consideración, ya que es ahí cuando aumenta su vulnerabilidad y pueden ser víctimas de crimen y abusos físicos y psicológicos.

 

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