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Las Huellas de tu Pasado – Parte 2

Luis y Brenda Figueroa
Pastores Fundadores
Iglesia de Jesucristo Espada de la Victoria, Inc. – Luquillo

En la primera parte de este escrito tratamos brevemente con lo ocurrido en el Evangelio Según Lucas 24:36-41 donde, en síntesis, recoge el momento en que Jesús se le aparece a sus discípulos luego de la resurrección. Como en casi todas las instancias bíblicas, este pasaje nos enseña la reacción natural de nosotros los seres humanos ante un evento inexplicable y muy complejo para que nuestra mente finita pueda asimilarlo. Los discípulos de Jesús, aunque caminaban con él, comían con él, hablaban con él y pasaban casi la totalidad de su tiempo con él, aún no podían salir de su asombro al encontrarlo de pie junto a ellos, luego de que lo vieran ser arrestado, azotado, crucificado, asesinado y dejado por muerto en el sepulcro. Si analizamos detenidamente el texto bíblico, el problema aquí no es la reacción de los discípulos de Jesús sino lo que provoca la misma: la incredulidad.

(Foto/Suministrada)

Continúa la Biblia diciendo que tan pronto sus discípulos vieron a Jesús se asustaron mucho, al punto que pensaban que era un fantasma el que les hablaba (V.37). El grado de incredulidad que operaba en las mentes de todos no les permitía disfrutar de uno de los momentos más hermosos narrados en la Biblia, el momento en que Jesús resucitado regresa a sus discípulos tal y como les había dicho que ocurriría. Su falta de fe en lo que Jesús les había predicado y enseñado causó en ellos que no pudieran darse cuenta de que todo lo que Jesús sufrió y padeció no pudo detenerlo. Sencillamente estaban estupefactos. Su incredulidad pudo mucho más que la fe que ellos pudieran tener.

Ante este cuadro de miedo, confusión e incredulidad de todos los discípulos de Jesús, sencillamente Jesús hizo lo que era lógico que había que hacer en un momento como ese. Les habló y los exhortó a que se fijaran en las huellas o las marcas que estaban en su cuerpo. Les pidió no solo que se fijaran en ellas, sino que las tocaran con sus propias manos. Jesús pidió que cesaran de su incredulidad y creyeran en su testimonio de vida solamente por ver y tocar aquellos marcas o huellas que evidencian su llamado, testimonio y resurrección. Ante la incredulidad de otros, Jesús no opta por hablar de su testimonio, ni mucho menos decir quien era él. Jesús dejó que las huellas de su pasado hablaran por él. ¿Y tú? ¿Te atreves a hacer lo mismo?

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