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Los beneficios del perdón

Drs. Carlos y Vidalina Echevarría
Pastores, psicólogos y consejeros

¡Ay, como me duele el corazón! Así dicen muchos cuando reciben una herida emocional. Porque cuando recibimos heridas profundas en el corazón, especialmente por alguien cercano a nosotros, es fácil de aceptar y mucho menos perdonar.

(Foto/Suministrada)

(Foto/Suministrada)

Perdonar es soltar, dejar ir la ofensa, no buscar el desquitarse. Perdonar es una experiencia transformadora que reduce los niveles de ira y ansiedad que te impedían moverte hacia adelante dejando atrás esa necesidad de desquitarte, cancelando la deuda pendiente y dejando ir a la persona que te causó ese dolor. Perdonar es cuando al recordar la ofensa no te causa dolor en el corazón ni resentimiento. Es poder vivir y dominar en paz; es calidad de vida.

Hay ofensas fáciles de perdonar, pero hay otras que son tan dolorosas que requieren una capacidad de perdón más grande de la que poseemos internamente. Para eso, necesitamos el poder sobrenatural de la gracia de Dios y su paz. Cuando una ofensa contamina el corazón no se limita al alma, también al cuerpo y el espíritu. Cuando se alimenta una ofensa se produce la amargura en el corazón y esta nos impide ver nuestros propios errores, nos descontrola y afecta nuestra manera de vernos.

Las ofensas siempre van a venir, todos ofendemos con nuestras palabras cuando algo nos duele. Pero permanecer heridos es algo que no debe suceder si somos personas maduras. Porque perdonar no es un sentimiento sino una decisión. Es un estilo de vida que trae paz a nuestro diario vivir.

Salomón en Proverbios 28:19 dice: “el hermano ofendido es más tenaz que una ciudad fuerte y las contiendas de los hermanos son como cerrojos de alcázar”, es decir, es más fácil conquistar un castillo (como el castillo de El Morro) que reconciliarse con un hermano o amigo ofendido. Porque una persona ofendida construye altos muros para protegerse donde solo pueden entrar aquellos que reafirman, alimentan su dolor y que están de acuerdo con él.

Las investigaciones científicas que estudian la falta de perdón o los problemas emocionales de la biografía humana, han relacionado la falta de perdón como parte de los problemas médicos donde no se encuentran causas fisiológicas y si antecedentes emocionales. El hogar donde nos criamos y el ambiente que vivimos tiene mucho que ver con nuestras reacciones ante la ira. La persona que está herida maneja el dolor maximizando los efectos del otro y minimizando los propios porque tiene el orgullo herido y desea vengarse. Venganza es lo opuesto a perdonar. Cuando la persona perdona sus pensamientos, sentimientos y acciones hacia el otro y hacia él mismo se tornan más positivas.

La importancia del perdón debe fomentarse en todas las relaciones como alternativa ante la violencia que vive nuestra sociedad, especialmente en los hogares. Es claro ver tanto la culpa, como la falta de perdón afectan a la persona y a toda la comunidad. Muchas veces sentirse culpable contribuye a la falta de perdón porque los culpables suelen ser acusadores proyectando su propia culpa en otros. Es importante el auto perdón, a veces perdonamos el otro, pero no nos perdonamos a nosotros mismos porque el peor perdón para dar es el propio. Dios es un Dios perdonador, solo tienes que declarar tu culpa, confesar con tu boca y pedirle perdón y Él te perdona.

El Apóstol Pedro se acercó al Señor y le dijo: Señor ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano si pecare contra mí, hasta siete veces? Jesús le dijo: No te digo que, hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. Eso es 490 veces al día. Así que no hay opciones, a buscar la paz y vivir en paz con todos. Efesios 4:26 dice: Airaos, pero no pequéis, no se ponga el sol sobre vuestro enojo. Pon la palabra en acción. Decídete a perdonar, así como Dios te perdona a ti si le pides perdón. Disfruta de los beneficios de una mejor salud emocional, física y espiritual. Dios te bendiga rica y abundantemente.

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