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Los perros y el veterinario: Enséñale a portarse bien

Por: Erika Zoé Alvarado / Para Presencia
redaccion@presenciapr.com

Todas las personas que poseen animales de compañía tienen una serie de obligaciones y responsabilidades con su mascota. Además de alimentarles, cuidarles y darles afecto, su salud es primordial. Regularmente, tendrás que llevar a tu perro al veterinario para confirmar que se encuentra en un estado saludable y así, evitar a través de controles médicos que contraiga diferentes enfermedades.

(Foto/Suministrada)

(Foto/Suministrada)

Sin embargo, la mayoría de las ocasiones esta actividad supone un tremendo suplicio para el animal, para el veterinario e incluso para el propietario. ¿Quién no teme ir a un hospital? Por norma general, la bata blanca, el olor de los productos que se utilizan para desinfectar, la anestesia y otros elementos, están relacionados con un rechazo inconsciente que se denomina “miedo condicionado””.

Rechazo inconsciente

La aplicación repetitiva de estos estímulos da lugar a que asociemos la visita al médico o al hospital con un rechazo inminente, cuya consecuencia desencadenará reacciones propias de miedo. Lo mismo ocurre con tu mascota: generalmente, ir al especialista le supondrá una situación estresante. Los cachorros visitan mucho al veterinario, ya que tienen que someterse obligatoriamente a un periodo estricto de vacunación, desparasitación, microchip y todo a lo que obliga la Ley de Sanidad Animal.

Lo normal es que en su primera visita esté tranquilo, quizá se encuentre incómodo por ser un lugar que no conoce, pero todavía no será consciente de lo que se le viene encima. Posiblemente tras dos o tres consultas no quiera volver a pisar por allí jamás. Los seres vivos desde el principio están aprendiendo, sumando experiencias y creando asociaciones. Es probable que tu mascota asocie que en ese lugar se sufre: las dolorosas inyecciones o la manera que tienen para tomarles la temperatura, dan fe de ello.

La base está en la educación

Las idas y venidas al veterinario serán continuas, y generalmente el miedo se apoderará del animal en cada visita, por lo que es aconsejable intentar que tu mascota se relaje a través de diferentes estrategias.

Los cachorros son auténticas esponjas: todo lo aprenden, tanto lo bueno como lo malo. Educa a tu perro desde la más tierna infancia para que no tema ir al veterinario. Al principio, es conveniente que vayas con frecuencia y que las primeras experiencias no sean estresantes sino, simplemente, para que conozca el lugar. Súbele a la mesa, háblale mucho y acaríciale mientras el veterinario le realiza el primer chequeo.

Es aconsejable que este procedimiento se repita varias veces antes de comenzar con las vacunas o tratamientos más agresivos. Al terminar, no olvides que es importantísimo premiarle; será más fácil porque a todos los animales les encantan las golosinas. Tu mascota te lo agradecerá mucho y lo más importante es que asociará el premio con la manipulación del experto.

Consejos útiles para el perro

Esta conducta debería darse, no sólo en los primeros meses del perro, sino a lo largo de toda su vida. Es importante que el veterinario y el perro se hagan amigos y que la clínica se convierta en un lugar interesante y, en la medida de lo posible divertido. Aún así, si tu perro es nervioso y no le vale ninguna terapia para tranquilizarse, tienes que tener en cuenta los siguientes consejos:
– Cuando tengas que acudir al veterinario ve sin prisas. Recuerda que si tú estás nervioso tu perro lo notará y él se volverá todavía más inquieto. Antes de entrar en el veterinario dale primero un largo paseo. Recuerda llevar siempre golosinas.

– Si tu perro responde a los ejercicios de obediencia: sienta, quieto, échate… puede resultarte muy útil utilizarlos cuando esté en la mesa del veterinario. Por el bien del veterinario, el uso del bozal es necesario en muchos perros. Sin embargo, es angustioso para el animal y en circunstancias de ansiedad como es el caso, produce un estrés mayor en tu mascota. Para evitar que se produzca esta situación, intenta que el bozal se convierta en un artilugio cotidiano, que tu perro lo conozca y no le asuste.

-Recuerda que un perro bien educado es una gran satisfacción para el dueño y para el veterinario. Además, estar tranquilo es bueno para el animal. Una buena salud física es importante, pero igual de importante es la salud psicológica del animal.

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