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Matar al mensajero

Por: Gina Delucca
Escritora invitada

Decapitado. No es lo mismo, ni se escribe igual. Le tumbaron la cabeza sin misericordia. Eso le pasó a San Juan el Bautista, el mensajero que anunció la llegada del Mesías. Mataron al mensajero, literalmente.

Gina Delucca (Foto/Suministrada)

Gina Delucca (Foto/Suministrada)

¿Por qué? Por meterse en lo que no le importaba, dirían algunos. Por denunciar la corrupción y la inmoralidad, dirían otros. Por decir la verdad, quizás es más preciso. Herodes tenía un affaire con su cuñada Herodías, quien también era su sobrina… ¿que qué?. Quizás se entiende mejor cuando vemos que su abuelo, Herodes “El Grande”, el que mandó a matar a los bebés de Belén, tuvo un total de 5 esposas.

Pero este otro Herodes, Herodes Antipas, hijo de su cuarto matrimonio, era, para todos los efectos, el rey de los judíos y se supone que diera el ejemplo. Juan Bautista denunció públicamente este lío y obviamente esto irritó a Herodes Antipas, quien lo mandó a apresar, así como a Herodías. Un día, la hija de Herodías con su primer esposo, Salomé, quien era bailarina, bailó muy bien ante su tío-abuelo Herodes Antipas. Así que él le preguntó qué quería de recompensa. Ella fue y le preguntó a su mamá y la respuesta fue “la cabeza de Juan”. Así que lo fueron a buscar a la celda y lo decapitaron. Entonces le trajeron la cabeza a Salomé, en una bandeja.

En honor a este Juan es el nombre de nuestra capital y las fiestas que se celebran esta semana. Juan el excéntrico, que vestía pieles en vez de tela y que tenía una dieta un poco rara. Con todo y esa rareza—o quizás a propósito de ella—la gente lo escuchaba y hasta se llegó a creer que era el Mesías. Juan lo negó, incluso fue él quien Dios utilizó para proclamar públicamente a Jesús como el “Cordero de Dios”.

Este mensajero anunciaba el arrepentimiento, y su contraparte, el perdón. Anunciaba, en sus propias palabras, que fueran buenos ciudadanos, rectos, fieles a Dios. Metió el dedo en la llaga al denunciar también al liderato religioso. ¡Auch!

Fast-forward a la actualidad. Nunca es bueno ser el mensajero. Habrá una negación de parte del aludido. El malo será el mensajero, no el mensaje. Más bien, no se puede borrar de la historia el mensaje, pero sí al mensajero.

A menor escala, confieso que a veces he sido el mensajero que “matan”. Me he atrevido a denunciar cosas que para mí son obvias a simple vista, pero que hay una veda colectiva para admitirlo. Recibo muchos ataques, a veces, incluso, me arrepiento de mis exabruptos, pero luego el tiempo me da la razón. Por eso aplaudo a los atrevidos, como Juan. Celebro su día, no como un chapuzón en medio de una borrachera, sino como un homenaje a la valentía y la fidelidad. Ténganlo claro: siempre habrá ajusticiamiento… también justicia.

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