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Metiéndonos en la ecuación de Dios

José & Lourdes Lucuara
Pastores

(Foto/Suministrada)

La ecuación de Dios, es la ecuación del cambio, del progreso, de la ayuda al necesitado. El interesarnos por los demás, en procurar el bien de nuestro prójimo. Jesús dijo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” – Mateo 22:37-39.

La sociedad en la que vivimos hoy, está encerrada en sí misma, se le  olvida de que hay gente viviendo a su alrededor. Ensimismada, pensando que son los únicos que viven en este planeta tierra. “Olvidándose ciertamente de hacer el bien, de la ayuda mutua” – Hebreos 13:16.

Nehemías un líder silencioso que se metió en la ecuación de Dios. El libro de Dios, la Biblia, no registra que fuera llamado como tradicionalmente eran llamados los grandes hombres de Dios. Él oyó de lo que estaba ocurriendo con su pueblo, y decidió tomar cartas en el asunto.

No podemos hacer oídos sordos ante lo que está ocurriendo en nuestra sociedad. Dios te puso en lugares estratégicos para que hagas la diferencia. Te puso como agente sanador de tu tierra, es hora de meterte en la ecuación de Dios bendiciendo a tus generaciones; el Señor cuenta contigo. Levántate y resplandece a favor de otros, porque la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.

Quizás habrá un círculo de lectores que dirán, pero yo no soy religioso. Eso le corresponde a ellos, a los religiosos. Déjame contarte una pequeña historia de la Biblia. Cuando Dios llamó a Ciro, un rey persa que no era religioso, ni siquiera sabía si existía Dios. Pero el Señor lo toma en cuenta para hacer una labor grande, lo comisiona a ser salvador de una generación completa. Él ni sabía que Dios lo había elegido para esa grande hazaña. Porque ayudar al prójimo no se trata de si yo soy religioso o no. Se trata de ayudar, de hacer el bien, de extenderle la mano al necesitado y levantarlo.

Amigo, Dios cuenta contigo. Es hora de hacer mejor nuestra sociedad. Nuestra generación de jóvenes está pereciendo, extiende tu mano, procura ser un puente donde puedan encontrar soluciones y esperanza de una vida mejor. Métete en la ecuación de Dios para bendecir a otros. A la postre el más bendecido serás tú.

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