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Mitos sobre el VIH que debes dejar de creer

(Foto/Archivo)

El primer diagnóstico de VIH fue en la década de los 80, y, desde entonces, más de 70 millones de personas se han contagiado. Es el virus causante del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), descubierto por el equipo del virólogo francés Luc Montagnier en 1983. Pese a los avances médicos y a la apertura de la información alrededor del VIH/SIDA, aún existen muchas dudas y estigmas; la falta de información, desde los inicios, ha desencadenado una gigantesca ola de discriminación. 

Mito: Tener VIH significa que tienes SIDA

Constantemente se escucha hablar del VIH y del SIDA como sinónimos, lo cual es una idea equívoca. El virus de la inmunodeficiencia humana, o VIH, ataca y destruye ciertas células en el cuerpo que ayudan a defenderse de infecciones y enfermedades. SIDA es la etapa tardía de una infección por VIH, cuando el sistema inmunológico de una persona es severamente debilitado. Sin tratamiento, la mayoría de los casos de infección por VIH en efecto se convertirán en SIDA, sin embargo, actualmente existen tratamientos que retardan a la progresión de VIH a SIDA. 

Mito: El VIH lo adquieren únicamente las personas homosexuales

Todos y todas somos vulnerables ante el VIH sin importar sexo y edad. 

Mito: Actualmente el VIH se puede curar

Como cualquier otro virus, el VIH permanecerá de por vida en el cuerpo. Hasta el momento no se ha podido encontrar una cura, aunque existe una continua investigación en el tema y gracias al desarrollo de ciertos medicamentos, el VIH puede ser controlado y la progresión de la enfermedad puede ser más lenta. 

Mito: El VIH se transmite por contacto casual

El VIH no puede sobrevivir fuera del cuerpo durante mucho tiempo. Además, no todos los fluidos corporales son portadores del virus, incluyendo las lágrimas, el sudor y la saliva. Por lo tanto, el virus no se transmite por contacto casual.

Mito: El sexo oral es de alto riego para el contagio del VIH

La mayoría de los casos de transmisión sexual del VIH se producen por relaciones sin protección, ya sea vaginal o anal. Hasta el momento no se conoce algún caso de transmisión de este virus por sexo oral. 

Mito: Las heridas abiertas o el contacto con la sangre en el entorno puede transmitir el VIH

No ha habido casos conocidos de transmisión del VIH a través de heridas abiertas, excepto cuando la herida es causada por un objeto contaminado con el VIH (como una aguja infectada). Si llegara a ocurrir, el virus tendría que entrar en contacto directo con una herida reciente.

Mito: Siempre se puede detectar el VIH por ciertos síntomas

El VIH no siempre provoca síntomas. A veces, las personas infectadas con el virus experimentan síntomas parecidos a una gripe pocas semanas después de que lo contraen. Pero, a menudo, puede tomar hasta diez años en aparecer algún síntoma, esto se llama un “período de latencia”. Así que la única manera de saber si estás infectado es haciéndose la prueba.

Mito: El sexo es seguro si dos personas tienen VIH

Esto se llama “serosorting” y en realidad no es seguro. Hay diferentes cepas del VIH y puede ser posible adquirir una segunda infección, algunas de ellas son resistentes a los fármacos y podrían no responder bien al tratamiento estándar de VIH/SIDA. De la misma manera, el sexo sin protección te pone en riesgo de contraer otra enfermedad de transmisión sexual como la gonorrea, la clamidia, la sífilis o el herpes.

Mito: Las madres infectadas siempre contagiarán a sus bebés

Es cierto que una madre infectada puede transmitirle el VIH a su bebé durante el parto o la lactancia, sin embargo estas posibilidades pueden reducirse significativamente con el tratamiento y la medicación adecuados. Las mujeres infectadas que reciben tratamiento temprano en el embarazo y evitan la lactancia, pueden reducir el riesgo de transmisión al 2%.

Mito: Si te contagiaron ya no hay nada que hacer

El procedimiento tras una posible infección consiste en aplicar un tratamiento postexposición antirretroviral que inhibe la replicación del virus antes de que éste entre al sistema linfático, con lo cual se evita la infección. Es un tratamiento de 28 días y debe tomarse lo antes posible.

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