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Entre el agite, detente…

Por: Coach Dianiluz Cora, CEC
VORTEX POWER COACHING
vortexcoachingpr@gmail.com

“Río Grande de Loíza, alárgate en mi espíritu…..”  – Julia de Burgos

A la altura del valle de la Carolina, lugar donde nace el magistral poema Río Grande de Loíza, de la insigne Julia de Burgos, yace parte de este magnífico cuerpo de agua.

(Foto/Suministrada)

(Foto/Suministrada)

El río nace en San Lorenzo y viaja confiado por entre los montes de Caguas, hasta toparse con una muralla a la vuelta de Trujillo Alto. Sin embargo, esa barrera no le detiene. Sobrepasa el obstáculo y se mueve confiadamente a través de Carolina, bordeando suavemente las colinas, bautizando a Canóvanas y derramándose finalmente sobre la delta de Loíza.

Se cuenta que Julia de Burgos, nacida en el barrio Santa Cruz de Carolina y maestra de profesión, salió un día al patio de la escuela donde trabajaba y se sentó sobre una piedra a observar el río. Ese día, el río volvió a nacer; esta vez, brotó del alma de la poeta.

Nuestras vidas son exactamente como el río. La metáfora se materializa en las vueltas que da la vida, así como el río bordea las colinas.

El espejo de lo bello que somos resurge, así como el río se vuelve el espejo del cielo. Los rojos del barro vomitado en las aguas, con el debido permiso de la poeta, son los momentos de descontrol, durante los cuales somos vulnerables ante la emoción que nos inunda, como el río es vulnerable ante las lluvias y las tormentas.

Siempre, ante la calma, el sedimento se asienta y el límpido espejo resurge, volviendo la belleza un ejercicio multiplicador de posibilidad.

La vida abunda en el río, como las ideas abundan en nuestra mente para crear infinidad de bondades a ser disfrutadas por nosotros y nuestros seres amados.

El río es paz. Cuando observamos calladamente para descifrar los mensajes ocultos en todo lo que nos rodea, descubrimos más vida; así como Julia de Burgos descubrió tanta belleza en el río, que esta se desbordó magistralmente sobre una hoja de papel.

Vivir cerca de la naturaleza es calidad de vida. El ajetreo diario puede ser un elemento drenante. Ciertamente vivir se puede convertir en “mucho con demasia’o”: demasiadas cuentas, demasiadas responsabilidades, demasiadas tareas, demasiadas personas a las que complacer, demasiadas noticias, demasiado…

Sin embargo, cuando nos detenemos en el agite para disfrutar de una bella vista, damos aliento a nuestra mente y espíritu.

Las pausas naturales se vuelven una oportunidad de recargar y soltar aquello que no debemos continuar cargando o simplemente, dar espacio a la mente a divagar en el momento presente sin forzar nada. Nos deleitamos por un instante en el placer del Ser, pues no hay nada que “hacer”, excepto dejarse fluir…

Tanto el río como el mar son excelentes lugares para deleitarnos. En nuestro país somos afortunados, ya que todos tenemos acceso a uno o al otro sin tener que viajar muy lejos.

Bendiciones: muchas con demasiadas. Hay vida en abundancia a nuestro alrededor, sin embargo, para absorber esa belleza, como hizo Julia de Burgos, debemos honrar las pausas y buscar los espacios y el tiempo para darnos el banquete espiritual de detenernos a contemplar, desde nuestra paz, la naturaleza.

La invitación es a fluir…. dejarse ir… Mirar el río y mirarnos por dentro para que las maravillas que nos rodean se continúen alargando en nuestro espíritu hasta llevarnos al mar infinito, donde las aguas dulces y saladas se juntan y todo se vuelve UNO.

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