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Reflexión: Comenzó la temporada de huracanes

(Foto/Suministrada)

Zulmari Nieves, capellana
Escritora y autora

Voy rápido a citar la palabra de Dios. En esta ocasión los dirijo a Mateo 7:25, donde nos habla una maravillosa palabra, reveladora.

“Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre roca”.

¿Dónde están colocados los ojos del hombre? En la búsqueda por confiar en qué o en quién se hace el protagonista de nuestras vidas. O acaso quién hace o quiénes hacen desviar al hombre de su verdad, creados y nacidos por un Dios único y Todopoderoso. El corazón del hombre debe y tiene que estar atado a la confianza de este Dios Todopoderoso. Para que nada ni nadie haga que se pierda la razón de nuestra existencia.

Tenemos el derecho de vivir en libertad y en un disfrute de la vida, la cual Dios nos ha regalado. Pero como toda balanza, nuestra canasta deberá estar más cargada de la palabra y la vivencia de Dios en nosotros. Si bien dice un hombre sabio: Podemos leer y aprender de otros, pero nuestro libro principal desde ser la Biblia. La Biblia no es para escudriña en ella, como frecuentemente se dice. Sino para deleitarnos a través de sus palabras. Como un niño goza de comer un dulce, o como el oso deja caer toda la miel por su boca cuando inclina la vasija llena de un dulce rico y dorada miel; que al comer corre por todo su rostro… Enriqueciéndose al saborearlo, para así descubrir la verdad que hay en ella.

Marcos 4:38: Y Él estaba en la popa…

Mateo 9:26: Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.

En él confió y por eso un día boté todos mis borradores. Creía tener los mejores planes para mi vida. Y no he podido trazarlo. He sabido que eres el mejor maestro, que ha creado las obras más maravillosas jamás copiadas. Te extiendo la mano, con suerte me quedan hojas en blancos y un pincel usado y cansado. De seguro crearás la mejor obra en mi vida.

¡Qué reine la paz de Dios entre los hombres! ¡Un Dios de todos y para todos!

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