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Reflexión: Renovando nuestro entendimiento

(Foto/Suministrada)

Emelda Pizarro Cámara
Ministro del Evangelio
Iglesia Evangélica Camino a Emaús

No es fácil percibir las cosas como Dios las ve y esto resulta en uno de los muchos retos en la carrera de fe en Jesucristo. Sin embargo, la Palabra nos enseña que mucho tiempo antes, Jehová Dios lo declaró al corazón del ser humano; cuando por boca del profeta Isaías dijo: “porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos; ni vuestros caminos mis caminos. Como son más altos los cielos y la tierra, así son mis caminos, más altos que vuestros caminos y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”. (55:8-9)

Así las cosas, eso me pone en perspectiva… que lo primero que debo hacer para correr la carrera es despojarme de mi humanidad; porque el pensamiento de Dios choca con mi mente natural. Sin embargo, en la medida en que nuestro corazón está dispuesto, Dios en su bondad y en su misericordia tiene el poder de transformar nuestro entendimiento para conectarnos con su perfecta voluntad. Y te preguntarás, ¿cuál es la voluntad de Dios? Pues para responder a la premisa, me hago eco del consejo del apóstol Pablo a los creyentes de Roma… “que no os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. Romanos 12:2

El corazón pastoral del apóstol describe la Voluntad de Dios como “Agradable y Perfecta”. Es interesante porque ambos términos son adjetivos descriptivos. Cuando decimos que algo es “agradable” es que nos ha resultado de complacencia y que nos produce contentamiento. Cuando decimos que algo es “perfecto” lo vemos como algo que posee el grado máximo de una determinada cualidad. Pero es importante destacar que, para poder comprobar la veracidad de algo, debemos gustar de ello. Por eso David en el Salmo 34:8 nos invita…”gustad, y ved que es bueno Jehová”; y establece que “dichoso es el hombre que confía en Él”. El rey David del Antiguo Pacto y el apóstol Pablo en Tiempo de la Gracia coincidieron con los Anhelos de Dios para el ser humano, que establecen que los pensamientos que Dios tiene para sus hijos son pensamientos de bien, de paz y no de mal, para darnos el fin que esperamos. Jeremías 29:11

Por lo tanto, no importa cual haya sido tu experiencia de vida, yo te invito a que te acerques a Dios; porque a Él se le antoja no abandonar la obra de sus manos. Por lo que en nuestra fragilidad podemos experimentar su potencia, que en nuestros temores recibimos su fortaleza, que, en momentos de oscuridad, su luz nos ilumina y frente a la duda, su verdad nos afirma y su gracia nos perfecciona. Es este único y singular Dios que amó al mundo de tal manera que pasando por alto nuestro pecado envió a su unigénito hijo Jesucristo para restaurar, libertar, sanar y para indiscutiblemente renovar nuestro entendimiento y darnos cuenta de que el sentido de la vida se encuentra en Dios y en su Palabra.

Recuerda, no se trata de los fuertes, ni de los sabios, ni de los ricos, ni del conocimiento, ni mucho menos de méritos personales, sino de obediencia y de disponer el corazón para comprender “que el fin de todo el discurso oído es” como cita Eclesiastés 12:13 … “teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre”.

¡Dios te bendiga!

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