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Reflexión: ¿Te amas?

Drs. Carlos y Vidalina Echevarria
Psicólogos, pastores y consejeros cristianos

¡Ya llegó, qué emoción! Febrero, conocido como el mes del amor y la amistad tiempo de recibir y dar flores, chocolates y tarjetas a nuestras personas amadas. Desde muy niños en la escuela aprendemos a intercambiar con nuestros compañeros y maestros flores y tarjetitas de la ocasión conocida como el Día de la Amistad y el Amor. Es muy bonito celebrar el amar y sentirse amado y el amor, respetado y tomado en cuenta, sentirse amigo y tener amigos. Pero la pregunta es ¿cuán amigo eres de ti mismo? ¿cuánto te amas y respetas lo que eres? y ¿quién eres? Cuánto te amas tiene mucho que ver en cómo te miras y cuál es el cuadro de sentimientos que tienes de ti como persona (Proverbios 23:7).

(Foto/Suministrada)

Lo que tú vez y sientes de ti, determinará tu relación contigo mismo, con los demás y con Dios. Es necesario desarrollar una buena autoestima para crecer y madurar correctamente. Para los jóvenes nada hay más necesario para su madurez espiritual que tener un buen autoconcepto. La persona con un autoconcepto saludable, siente que vale como persona, que lo toman en cuenta y que tiene algo que ofrecer, sabe que pertenece y que es amado, aceptado, cuidado, disfrutado, que puede competir, que puede decirse a sí mismo yo puedo bregar con la situación y lograrlo. La Biblia dice que ames a los demás así como te amas a ti mismo. Pero para poder amar tienes que construir una buena autoestima, es decir aprender a amarte tú mismo.

Dios quiere sanarte por completo de esas ataduras que te impiden amarte. ¿Cómo? Pensando positivamente de ti. No se puede pensar erróneamente y vivir correctamente. No se puede ser veraz cuando se vive con mentiras. Toma tu propia imagen de Dios. Dios te ama, te honra (1 Juan 3:1); te valora (Romanos 5:7-8); es tu proveedor (Mateo 7:11); fuiste escogido y planeado por Dios (Efesios 1:3-6) y se deleita en ti. Cambia esa imagen negativa que tienes de ti, esto no sucede de la noche mañana, pero Dios quiere ayudarte en el proceso de renovación de tu mente (Romanos 12:2). Deja que Dios te ame y te enseñe a amarte a ti mismo. Eres su hijo. Ámate y ama a tu prójimo.

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