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Resolución de Año Nuevo: Rehabilitación

Juan José Díaz Díaz
Especial para Presencia

Sí, confieso que necesito entrar en un programa de rehabilitación para lidiar con mi adicción. He luchado por muchos años, décadas, y no he podido romper con este vicio, así que aprovecho esta tribuna para anunciar que esa será mi resolución de Año Nuevo; buscar ayuda y lograr la rehabilitación.

Juan José Díaz Díaz. (Foto/suminsitrada)

Sí, soy un adicto. Lo que pasa es que no soy adicto a las drogas, alcohol, pornografía o algunas de esas condiciones que, comúnmente, llevan a las personas a buscar ayuda profesional para rehabilitarse. Yo soy adicto a la comida.

Me imagino que, en este punto, usted dirá: “pérate, pérate, pérate… es que estar gordo no es razón para catalogarse como adicto, y mucho menos para hablar de buscar ayuda para rehabilitarse, como si se tratara de un tecato.”

Bueno, pues, permítame decir varias cosas. Primero: si usamos la palabra “tecato” para referirnos peyorativamente a los hermanos que tienen problemas de adicción a las drogas, tenemos que aplicarla también a los gordos u obesos. Nosotros somos tan adictos como ellos. Lo que pasa es que la comida es legal, y las drogas como la heroína y la cocaína no. Segundo: hay evidencia científica suficiente, que demuestra que, con excepción de aquellos que tienen alguna enfermedad física que le provoque ganar peso, el resto de los gorditos somos adictos a la comida, los dulces, los refrescos, o una combinación de estos.

El adicto a drogas sabe que la droga le hace daño, pero “se la mete”. Se siente mal por su aspecto físico, es víctima de burlas, cada día aumenta más la dosis de drogas, se justifica, sabe lo que tiene que hacer para dejar el vicio, pero le cuesta tanto trabajo, que no lo hace.

El gordito sabe que ciertas comidas le hacen daño, pero “se las mete”. Se siente mal por su aspecto físico, es víctima de burlas, cada día aumenta más las porciones de sus comidas, se justifica, sabe lo que tiene que hacer para dejar el vicio, pero le cuesta tanto trabajo, que no lo hace.

¿Ven a lo que me refiero? Si un adicto a las drogas es un tecato, nosotros somos unos “gordatos”.

En mi caso, como me encanta reír y estar de buen humor, la obesidad me ha dado material de sobra para hacer chistes. A veces digo que estoy como una lata de pasta de guayaba, que es más fácil brincarme por encima que darme la vuelta. Otras veces le digo a la gente que mi problema es de tiroides… que me “tiro” la comida pa’ dentro. Que si tengo más grasa que fregadero tapa’o, o que una vez me caí de la cama por los dos lados a la misma vez.

Lo que sí quiero transmitir, de cara al nuevo año, ya que a los boricuas nos encanta hacer promesas y resoluciones en esta época, es que la obesidad es una enfermedad brutal, y muchas veces no le damos la importancia que merece. Yo he logrado bajar poco más de 40 libras en los últimos meses, pero ha sido bien difícil, y todavía me faltan unas cuantas. Sin embargo, las he bajado porque además de amarme a mí mismo, amo a mi esposa y mis hijos, y estando en sobrepeso le resto años a mi vida, la cual deseo compartir con ellos por mucho tiempo.

A los que no están gorditos, pero que todavía piensan que los gordos somos así por poca vergüenza, los invito a hacer parte de su resolución de año nuevo, ayudar a un gordito a bajar de peso, a rehabilitarse. Al final, le estarán ayudando a salvar su vida.

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