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Amigo: Huye de la iniquidad

(Foto/Suministrada)

Dres. Carlos y Vidalina Echevarría
Psicólogos, pastores y consejeros cristianos

Recientemente, hablando con una dama -al salir de un Centro Cristiano de Retiros- esta nos hace la siguiente pregunta: ¿qué es la iniquidad? Nos sorprendió su pregunta, pero pensamos que así como ella no tenía claro el término, a muchas otras personas les sucedería lo mismo. A menudo escuchamos que nos dicen que huyamos de la iniquidad, pero cómo huir de algo que no sabes lo que es.

Etimológicamente hablando, iniquidad quiere decir “lo torcido”; lo que se tuerce del camino recto
y perfecto de Dios.  Su origen se encuentra en la caída de Luzbel este arcángel bello y perfecto que da cabida a un pensamiento que se desalinea de Dios y comienza a creer en algo diferente y opuesto a la
justicia de Dios. Este pensamiento torcido produce en el arcángel Luzbel una sustancia espiritual que origina la maldad y fue echado del cielo a la tierra (Ezequiel (28:15-18). La maldad es la semilla diabólica que origina todo mal.

El hombre desde su nacimiento nace con la semilla del pecado en el corazón que fue trasmitido desde la desobediencia del hombre Adán. Desde el momento en que es concebido el embrión toda la información y herencia espiritual de maldad es establecida, con pensamientos e intenciones que son contra la voluntad de Dios que es amor, verdad, paz y todo lo que es Dios. La Biblia le llama el cuerpo del pecado que se origina en el espíritu e invade el alma (Jeremías 17:1) que es, además, donde ocurre la opresión satánica y todos los deseos perversos y pecaminosos.

Dios quiere que escudriñemos nuestro corazón, y que entendamos la maldad, sus consecuencias y que nos acerquemos a él que es el dador de la vida. Jesús murió para hacernos totalmente libres del pecado que lleva a la muerte eterna. Él llevó en la cruz cada una de nuestras transgresiones, él pagó el precio  de nuestros pecados y lo hizo por amor, para que todo aquel que en él crea no se pierda sino que tenga vida eterna (Juan 3:16).  Él vino a librarte de toda iniquidad que es parte del espíritu del hombre ya sea  iniquidad voluntaria, la persona que cae en conducta inicua sabiendo que está mal, o iniquidad consciente, que sabe que algo está mal y lucha internamente contra ello pero se deja vencer y termina cayendo en el pecado.

Recordemos que la sangre de Cristo nos libra de todo pecado.  Solo tenemos que aceptar que Dios siendo Dios se hizo hombre, nació de una virgen, nos entiende porque supo lo que era estar en este cuerpo humano.  Aunque nunca pecó supo lo que fue ser tentado por Satanás como lo somos nosotros. Él murió para que tú tengas vida eterna y resucitó de entre los muertos para que tú también resucites para vida eterna si le aceptas como tu Señor y Salvador.

¡Que Dios te bendiga rica y abundantemente!

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