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La Palabra del Día: El adulterio

Por: Livio Ramírez

La Biblia no enseña que el sexo sea pecado pero el hombre en su estado pecaminoso, ha tomado lo que debía ser un acto de amor puro, y lo ha convertido en algo indigno. La Biblia es el libro más sincero que existe en cuanto al tema del sexo se refiere, pero lo condena totalmente cuando esto se practica fuera del matrimonio.

En el momento en que Dios unió a la primer pareja quedó establecido que dejará el hombre a su padre y su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. La Palabra de Dios establece que el matrimonio es un compromiso ante Dios con la persona escogida para ser nuestro cónyuge, y este compromiso significa total fidelidad sexual entre ambos. El escritor bíblico declara: Honroso sea en todos, el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios. (Heb. 13:4)

La realidad de que la inmoralidad esté tan generalizada en estos tiempos, no la convierte en aceptable. El hecho de que algunos religiosos la acepten, no la convierte en moral. Según la ley judaica, el adulterio podía ser castigado con pena de muerte. Según la ley de Dios, éste resulta también en la muerte espiritual. Algunas de las principales causas del adulterio son: inmadurez al contraer matrimonio, falta de una educación sexual adecuada, falta de responsabilidad de parte de los cónyuges, deseos egoístas y pecaminosos de la carne, intervención de los padres y familiares en los asuntos de la pareja, actitudes agresivas de parte de ambos cónyuges, y el más importante de todos: la falta de una relación íntima con Cristo.

No se pueden esperar soluciones fáciles a los problemas que conducen al adulterio. Sin embargo, Dios puede hacer el milagro del nuevo nacimiento en los no creyentes en Cristo, y el milagro de la renovación espiritual en sus hijos e hijas que estén practicando este pecado. De esta manera se tomará una nueva perspectiva, facilitando por medio de la aplicación de soluciones prácticas y permanentes, la reformación total de las personas; esto es, mediante un compromiso y una entrega total a nuestro Señor Jesucristo.

Pero Dios, no sólo exige que confesemos el adulterio como pecado, sino que lo desechemos total y permanentemente de nuestras vidas. El Espíritu Santo de Dios, por medio del Proverbista nos dice: El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia. (Pr. 28:13)

Te exhortamos a aceptar la misericordia que Cristo te ofrece, y a hacer una entrega especial de tu vida a Él, confesándole todos tus pecados, pues su sangre bendita es lo único que puede limpiarte de todo pecado.

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