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El liderazgo, el poder y la autoridad

Por: Juan Fernando Cruz Torres
Conferenciante internacional, escritor y empresario
jubilee@jubileepr.com

El poder y la autoridad suelen confundirse como se confunde influir con inspirar.No todo el que influye inspira, pero por lo general, los líderes que inspiran influyen.  Del mismo modo, no todo el que tiene poder tiene autoridad.

JUan Cruz Jubilee

(Foto/Suministrada)

Como sabemos, en términos generales, existe la autoridad formal o lineal y la autoridad moral.  A nivel organizacional, la autoridad moral se gana mientras que la formal o lineal se otorga. A quienes se le reconoce autoridad moral, es a quienes viven a la altura de sus convicciones. Es decir, predican con el ejemplo.

Hoy día es muy común ver personas en posiciones gerenciales que dependen demasiado del poder que acompaña a la autoridad formal para, a costa de la salud emocional de su gente, tener ciertos logros temporeros. Estos, por lo general, se convierten en “jefes estridentes” que apelan con demasiada frecuencia al “terrorismo corporativo”. A nivel institucional, estos estilos traen,por lo general, entre otras consecuencias:

  • Turnover, muchas veces perdiendo al mejor talento de la organización
  • Baja productividad
  • Clima de trabajo agobiante
  • Uso excesivo de servicios y planes médicos
  • Casos legales costosos

En cierta ocasión, aprendí con uno de mis mentores que, cuando quieras conocer la verdadera personalidad y carácter de alguien, nómbralo a una posición de autoridad. La realidad es, que cuando dependemos demasiado del poder para que se hagan las cosas y no de nuestra autoridad, aunque tengamos problemas para admitirlo, es una señal de que nuestro liderazgo está en entredicho.
Los mejores líderes saben que, para lograr un desempeño extraordinario de su gente necesitan más de la autoridad moral que de la formal y del poder. Ellos saben que, tanto el poder como la autoridad deben ser utilizadas con sabiduría y prudencia, en favor de las metas institucionales y el bienestar colectivo, y nunca de manera caprichosa, déspota ni arbitraria.

Tanto el poder como la autoridad deben ser utilizados al igual que el dinero, como un medio y no como un fin, que los mejores líderes usan en beneficio de sus organizaciones, de las causas nobles en las que creen y de su gente. Cuando usamos la autoridad y el poder de manera correcta, con frecuencia logramos:

  • Equipos de trabajo estables
  • Maximizamos la productividad y logramos lo mejor de nuestra gente
  • Mantenemos un clima de trabajo más saludable
  • Nos ganamos el respeto de nuestra gente y hasta de nuestros detractores
  • Tenemos paz de espíritu y satisfacción

Cuando, teniendo la autoridad y el poder para hacer el bien no lo hacemos, ponemos en entredicho nuestra buena voluntad y nuestra fe, y la conciencia nos emplaza. La exhortación entonces, es a que reconozcamos la verdadera finalidad del poder y la autoridad; medios que nos ayudan a ser agentes facilitadores para hacer justicia y que se alcancen objetivos que propendan en el bienestar y el progreso institucional y del colectivo.

Si en ocasiones, al igual que yo, te preguntas cómo utilizar la autoridad con sabiduría, te invito a que examines el liderazgo de Jesús. Quien nos dio cátedra usándolapara hacer justicia y en beneficio de los demás.

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