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La carrera de la fe

Por: Livio Ramírez
www.dioshablahoy.org

El apóstol Pablo declara: En una carrera varios son los que corren, pero sólo uno obtiene el premio; corran para ganar (1 Co. 24) El apóstol presenta un ejemplo de una carrera para alcanzar un premio. Muchos tratan de participar de esa carrera pero corren sin obtener el objetivo de su esfuerzo. No podemos correr en vano; la carrera de la fe no sólo significa correr; debemos correr con un propósito. No es suficiente creer que estamos corriendo en el camino de Cristo; también tenemos que tratar de llegar a la meta establecida por el Señor, que es la salvación y la vida eterna, y sólo el que persevera hasta el fin será salvo.

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Livio Ramírez (Foto/Suministrada)

Nuestra carrera puede ser interferida de tres maneras: primero, por indolencia. Si nuestra fe no se ejerce, nuestro progreso se detiene, y no se obtiene el premio porque mientras el hombre duerme, el enemigo siembra la cizaña. Segundo: cuando la persona gana, pero  la ganancia se diluye por las pasiones de la carne. Esto es lo mismo que perder e ir rápidamente a la ruina; es como estrellarse contra la pared.  Y tercero: si la meta es falsa, o se ha cambiado la verdadera meta, la carrera es en vano pues el esfuerzo es infructuoso. La meta se desvanece cuando se falsifica la Palabra de Dios, y se practican creaciones o ideas humanas. Estas tres cosas pueden suceder cuando se descuida el mantenimiento de la unidad del espíritu, y cada cual sigue sus ideas, conforme a su propia voluntad. El apóstol Pablo dice que el amor es la unidad del espíritu, y nos exhorta a mantener la unidad del espíritu, en el vínculo de la paz.

No se puede desobedecer ningún precepto establecido en la Palabra de Dios, pues al hacerlo estamos pecando conscientemente. El Señor Jesús dijo: De cierto, de cierto os digo que el que guarda mi Palabra, nunca verá  muerte. (Jn. 8:51)) El Señor garantiza aquí que los que obedecen y guardan su Palabra son los que alcanzarán la salvación y la vida eterna. Pero el que, dentro del cristianismo, establece sus propios criterios, el que busca ventajas, el que encuentra en la Palabra ocasión para su propia gloria, no puede esperar ser un ganador; corre, pero con sus pies atados. Es en tal condición que los indolentes y los falsos cristianos corren; corren la carrera pero los caminos y la Palabra de Dios son simplemente un mero pretexto para  satisfacer su ego, y para alcanzar sus propios intereses. Por eso, el apóstol Pablo declara: Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. (Fil. 3:13-14).

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