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La UPR: Mito y Realidad

Dr. Aurelio García Archilla

Hace diecisiete años que trabajo como docente en la UPR.  Durante esos años he oído muchas críticas, pero nunca tan amargas y hostiles como  las de hoy en día.  Se nos acusa de no trabajar, de tener salarios excesivos, de corrupción, de despilfarro y de otras cosas más, que no se documentan, sino que se dan por sentadas.  Vamos a examinar algunas acusaciones desde las estadísticas y la experiencia personal.

Torre de la UPR. (Foto/Suministrada)

Se dice que los profesores de UPR no trabajan.  Todos los que conozco, que son muchos, sean de izquierda o derecha o apolíticos, siempre los veo trabajando: en el salón, en la publicación, en los comités.  Demuestran ser gente seria y comprometida con Puerto Rico en su enseñanza y en su investigación.  Los pocos que no están haciendo muchas cosas a la vez, lo hicieron por muchos años, y ahora bajan la velocidad un poco por vejez, condiciones de salud, o enfermedades de familia.  Pero siguen cumpliendo con el 100% de sus obligaciones.  Tampoco andarán por ahí echándoselas de sus publicaciones, pero cuando las busco me sorprendo de lo numerosas y buenas que son.

Se compara a la UPR con los sistemas privados de educación en Puerto Rico, y se argumenta que los últimos son más baratos. Sin querer despreciar sus contribuciones, no hacen lo que a nosotros nos toca.  UPR está ofreciendo una educación comparable con el tercio superior de las universidades norteamericanas–las estatales y las privadas–por una fracción de su costo.  Cuando fui a estudiar a Estados Unidos en tres universidades distintas, lo que me sorprendió fue lo bien que UPR me había preparado.  Tengo anécdotas de estudiantes a quienes los profesores de allá los felicitaron por lo bien preparados que estaban.  La UPR ofrece a un costo bien módico una educación al nivel de universidades que cobran hasta un cuarto de millón por un bachillerato.  Estando en una Universidad Ivy League, me enteré que los graduados de ingeniería de UPR los reciben sin pensarlo dos veces: así de buenos son.  Pero eso también se puede decir de muchos departamentos UPR, tanto en ciencias como en artes.  Averigüe si hay ingenieros UPR en la NASA y sorpréndase.

Si te vas a estudiar a tremenda universidad de USA, encontrarás que podrán tener algunos premios Nobel en la facultad; pero allá no te van a dar clase los premios Nobel, sino los Teaching Assistants: estudiantes graduados.  En UPR en cualquier momento te pueden enseñar graduados de Harvard, Yale, Princeton, Cornell, de la Sorbona, Lovaina, Tubinga, de la Autónoma de México; en fin, de las mejores universidades europeas y americanas.  Y frecuentemente te enseñan en grupos pequeños de no más de 30 estudiantes.

Se dice que los salarios de UPR son muy altos.  Pero después de estudiar fuera toda una década, a veces con frío y con hambre, viviendo de Seguro Social y estipendios de estudiante, pasando discrimen y sustos, ¿No te mereces un sueldo decente?

Se dice que la UPR es de los “riquitos”.  Pero en 2016 el 58% de admitidos vino de la escuela pública; el 75% recibió beca Pell.  Se dice que los recintos pequeños son redundantes; lo serán si los pueblos de Puerto Rico del centro, del este, del sur, del norte central fueran innecesarios también.  Yo pienso que un arecibeño debe tener tanto acceso a la mejor educación como un sanjuanero.  La realidad es que muchos no pueden venir a estudiar a Río Piedras o Mayagüez porque tienen situaciones personales  que lo impiden.  ¿Los castigamos, dejándolos sin educación?

Se dice que nos oponemos radicalmente a todo recorte. No.  Nos oponemos a recortes desmedidos e injustificables que se quieren aplicar de la noche a la mañana.  Eso no es un recorte; es una decapitación.

Se dice que UPR es una torre de marfil.  Pero hace una década que vivimos con recortes; en muchas oficinas los trabajadores se revientan tratando de hacer el trabajo que hace años hacían dos o tres más. Los profesores lidian con secciones exageradamente grandes. Eso no me parece una torre de marfil.  Sin contar que nuestras investigaciones en educación, en ciencias, en humanidades, se aplican directamente a la realidad puertorriqueña.  Tómese un momento y averigüe la verdad.

Muchos de los críticos de UPR hablan desde la ignorancia o la envidia; esos, aunque no pretendan obtener una respuesta seria, sí merecen que les digamos que con una buena educación UPR aprenderían la importancia de pensar y conocer antes de opinar.

¡Qué lástima que algunos de los que más se han beneficiado de un diploma UPR: médicos, abogados, economistas, tantos especialistas que, o no hubiesen entrado en universidades norteamericanas, o no hubiesen podido pagarlas, sean los que ahora quieren negarle esa oportunidad a la próxima generación!  ¡Qué lástima que los que pudieron seguir a grados superiores en el extranjero y se enriquecieron de sus profesiones, sean a veces los primeros en postular recortes de ingresos radicales e insostenibles para UPR! No son meramente ingratos; son cínicos.  Es como tener madre y negarla.

Hay que cambiar de actitudes: celebremos los logros de UPR, y ayudémosla a seguir adelante. No la hundas. Hay que darle un mentís a la difamación conveniente. Nos debería dar rabia que los mismos puertorriqueños queramos destruir lo mejor que tenemos.  ¡Que viva Puerto Rico!  ¡Que viva UPR!

(El escritor es Catedrático de Humanidades UPR Río Piedras).

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