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Madre: Una gratificante responsabilidad

Por: Coach Raquel Silva Jordán / Para Presencia
(787) 396-2870/ rasijo300@gmail.com

Ser madre comienza desde que empezamos a sentir las náuseas y los malestares del embarazo; cuando engordamos, nos hinchamos y nuestra apariencia cambia; cuando sentimos al bebé moverse, y con ese movimiento sentimos que una nueva criatura crece en nuestro interior.

(Foto/Suministrada)

(Foto/Suministrada)

Hay cambios en nuestro físico, pero los cambios más grandes comienzan a generarse en nuestro interior.

La vida no volverá a ser la misma, nuestro foco cambiará para siempre. Ser madre es un gran privilegio, y un acto de gratitud; es aceptar una responsabilidad eterna. Es una entrega total, un amor sin límites; es confiar, esperar, acompañar, escuchar, tolerar, apoyar, interceder, representar, perdonar. Es darlo todo, dejarlo todo y no esperar nada, porque aun así podemos ser olvidadas.

Es imposible olvidar ese primer encuentro con nuestro bebé, su mirada, su llanto, su risa.

Nuestra vida cambia; él siempre estará en primer lugar: aprendemos a dormir cuando el duerma, a hacer las cosas con una sola mano…

Ser mamá es  darle más importancia a limpiar narices, cambiar pañales, amamantar que a terminar una carrera, maquillarnos y estar arregladas. Dejamos de sostener su mano para que camine, y sostenemos la bicicleta hasta que aprende solito, luego el auto, y entonces volvemos a dormir con un solo ojo hasta que regresa a casa.

Vamos de tiendas y regresamos con más cosas para él, dejamos de comprarnos a nosotras por complacer algún capricho de nuestro hijo. Nuestra felicidad es su felicidad. Volvemos a jugar, a estudiar a sentir estrés por un examen, a salir corriendo porque olvidó un proyecto en casa y tiene que entregarlo. Su enfermedad es la nuestra, verlos sufrir nos llena de angustia y su alegría nos contagia.

Ser madre va mas allá de nuestro ser, el amor de mamá no conoce límites. Ser madre es partirnos para siempre. Queremos darle las mejores herramientas para que sean personas comprometidas con sus valores, para que tengan un futuro tal y como lo soñaron.

Parten de nuestra casa pero nunca de nuestra vida. Su presencia nos habitará siempre. Es tan simple y complejo como la vida misma.

Gratitud eterna a ti, madre amorosa y tierna, porque constituyes ese eslabón fundamental de vida que él universo estableció como fórmula mágica de la existencia. Una madre por  siempre está presente.

¡Gracias mamá, por ser siempre mamá!

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