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Opinión: Agradecimiento

Fray Isaac González Saldaña, OFM
Las Lomas, San Juan de Puerto Rico

La Paroquia la Resurrección del Señor ha sido para mí, precisamente eso; una oportunidad para dar el mensaje del Dios que es vida, alegría y paz, aún en situaciones límite y de necesidad del ser humano, que busca algo más de lo que le ofrece el mundo.

Fray Isaac González Saldaña. (Foto/Suministrada)

Es necesario caminar en la vida en la presencia del Señor Resucitado: camino, verdad y vida verdadera, para todo aquel que confía en Él, y se deja sorprender por la novedad de su amor, siempre actuante en la humanidad.

Desde que fuí enviado a esta Parroquia, mi inquietud primordial ha sido, llevar a los fieles que acuden, a un encuentro con Jesús Resucitado, quien transforma desde lo profundo del corazón, a quien quiere ser discípulo y misionero en este mundo lleno de: violencia, desamor, confusión y desarmonía.

Los retos ante los cuales me he enfrentado son diversos; pero no por ello sin sentido. Restauración espiritual por un lado y material por el otro. Mantenimiento de los corazones en Jesús y de la estructura física, en momentos de crisis y dificultades a nivel familiar y social.

Es grato compartir con los fieles el crecimiento a nivel humano y espiritual, a través de los cursos de formación humana: comunicación humana, relaciones humanas e inteligencia emocional, entre otros. Historia de la Iglesia, sacramentos y talleres de oración y vida en el ámbito espiritual.

Lo humano y lo espiritual siempre unidos. Porque la vida material; no es algo que se distingue de la vida espiritual. Esto sería un dualismo inaceptable. El hombre sigue siendo espíritu y materia, y la vida espiritual abarca al hombre entero, tanto su cuerpo, como su mente y sus relaciones sociales.

La sanación, recreación e integración en Cristo es algo diferente a nuestras concepciones

simplistas, las cuales no permiten trascender hacia la esfera de lo infinito, lo eterno, lo que da verdadero sentido a la existencia humana.

La satisfacción más grata que he sentido es ver como Dios sigue actuando, reconciliando con su misericordia a todo aquel, que se siente necesitado de la misma. El amor de un Dios Trinitario: Padre, Hijo y Espíritu Santo, se derrama en los corazones de los fieles que acuden a Él, para encontrar alivio y salud en su gran bondad.

Dios ha sido bueno con nosotros y estamos alegres. Pues ha puesto lo necesario para revitalizar y motivar; así como reestructurar y dinamizar la pastoral en la Parroquia La Resurrección, con el poder de Cristo Resucitado.

Para Dios toda la gloria y honor, pues no deja de conceder dones y carismas al pueblo que pide humildemente, aquello que es indispensable para vivir: La Palabra de Dios mismo y su Santa Eucaristía, formación y acompañamiento en sus procesos de acercamiento a un Dios, que es amor verdadero e incomparable.El Señor nunca nos deja solos. A través de María Santísima, Nuestra Madre, sabemos que tenemos en ella a quien siempre vela por las necesidades de sus hijos; la fidelidad y paciencia para vivir con Cristo Resucitado de un modo nuevo y agradecido, nuestro compromiso bautismal.

No estamos solos. El Señor, mediante María Santísima, nos acompaña para atender a las necesidades, como hizo en Caná de Galilea en otro tiempo, lo sigue haciendo ahora con cada uno de nosotros, personal y comunitariamente.

Doy gracias a Dios por hacerme partícipe de su bondad con sus dones; como instrumento de paz y bien, a semejanza de San Francisco de Asís, el hermano pobre; pero rico en virtudes y amistad con quien todo lo puede y todo lo ve.

Los fieles, compañeros de camino, requieren momentos fuertes de experiencia con Cristo Resucitado, con el poder de Espíritu Santo y misericordia infinita de Dios Padre. No dejemos de dar culto al Dios verdadero, para quien sea toda la gloria y honor, por los siglos de los siglos. Amén.

Gracias a tanta gente sencilla y generosa, que ha colaborado para hacer de estos espacios sagrados, verdaderos recintos de oración y alabanza al Señor Resucitado. Gracias a mi Provincia Franciscana de San Pedro y San Pablo de Michoacán por su formación y toda su sabiduría. Gracias a los hermanos de la Custodia Franciscana del Caribe Santa María de la Esperanza, por su apertura a los hermanos, que venimos a colaborar en estos ambientes ricos en cultura y diversidad.

Gracias a la Arquidiócesis de San Juan de Puerto Rico, por siempre estar impulsando y discerniendo los procesos de evangelización, para un mejor acompañamiento pastoral.

Gracias Señor Jesús, por tanto amor.

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