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Opinión: De ayunos y otras verdades

Jaime Torres Torres
Especial para Presencia

Las disposiciones jurídicas sobre la separación de Iglesia y Estado son claras.

Jaime Torres Torres, periodista. (Foto/Suministrada)

El presidente de la Cámara de Representantes, Carlos ‘Johnny’ Méndez, subestima el sentido común y la sapiencia del pueblo al aludir a la presencia del cordero en el escudo de Puerto Rico para justificar su convocatoria a 40 días de ayuno y oración.

La respuesta, por razones obvias, no se hizo esperar. El Capítulo de Puerto Rico de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) objetó su desatino porque el Estado no debe cerrar filas exclusivamente con las prácticas de la religión judeocristiana, sino recordar que se gobierna para la pluralidad de creyentes, incluso de ateos y agnósticos.

Es oportuno citar la Constitución del Estado Libre Asociado, particularmente lo que dice sobre la Libertad de Culto la Sección 3 del Artículo II de la Carta de Derechos: “No se aprobará ley alguna relativa al establecimiento de cualquier religión ni se prohibirá el libre ejercicio del culto religioso. Habrá completa separación de la Iglesia y el Estado”.

Johnny Méndez ha decretado 40 días de ayuno y ha pedido “intervención divina” para el País en medio de una de sus peores crisis socioeconómicas, provocada precisamente por la mediocre administración pública que por más de cuatro décadas se han intercambiado su Partido Nuevo Progresista y el Partido Popular Democrático.

Si bien pudiera concebirse su iniciativa como un capricho fundamentalista, no hay duda también entraña una exaltación del fanatismo religioso.

Si él y sus homólogos del poder legislativo son responsables de la aprobación sin vistas públicas de proyectos convertidos en ley por el gobernador Rosselló, como la llamada reforma laboral, ¿cómo aparece ahora invocando “intervención divina”? ¿Para que los jóvenes se resignen a militar en las filas del desempleo después que se gradúen? ¿Para que los maestros y policías retirados se resignen a que sus pensiones sigan bajando mientras el costo de la vida sube? ¿Para que la clase media que precisamente empobrecen se resigne a seguir pagando el diezmo y la ofrenda?

El honorable presidente cameral debe leer Isaías 58: “¿No saben cuál es el ayuno que me agrada? Romper las cadenas injustas, desatar las amarras del yugo, dejar libres a los oprimidos y romper toda clase de yugo. Compartirás tu pan con el hambriento, los pobres sin techo entrarán a tu casa, vestirás al que veas desnudo y no volverás la espalda a tu hermano”.

En crisis sociales como la que enfrenta el país, lo menos que se necesita son políticos fundamentalistas. La Palabra de Dios los desenmascara cuando Jesús, en su Evangelio, alerta sobre la hipocresía o “la levadura de los fariseos” [Mateo 16; 12] y más adelante [en Mateo 23] los maldice porque “preparan pesadas cargas, muy difíciles de llevar, y las echan sobre las espaldas de la gente, pero ellos ni siquiera levantan un dedo para moverlas”.

Los políticos, algunos comparables con los fariseos de la época de Jesús, deben recordar que la razón de su misión es el bien común.

Concluyamos con una cita del #412 de la Doctrina Social de la Iglesia: “La administración pública, a cualquier nivel –nacional, regional, municipal- como instrumento del Estado, tiene como finalidad servir a los ciudadanos”.

Bendito, si lo pudiera entender…

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