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Opinión: Me ofrecen la libertad… y dos buenas “bofetás”

Juan José Díaz Díaz
Especial para Presencia

Si algo está claro en Puerto Rico, es que lograr que aquí crezca el independentismo, o que el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) quede inscrito, es más difícil que hacer gárgaras boca abajo.

Juan José Díaz Díaz. (Foto/suminsitrada)

Juan José Díaz Díaz. (Foto/suminsitrada)

Algunos dicen que esta situación responde al miedo que le tienen los puertorriqueños a la independencia, a que estamos americanizados, o que existen demasiados grupos independentistas fuera del PIP, que no cierran filas con esta institución para luchar como una sola fuerza, a favor de esta digna y legítima fórmula de status. La verdad, sin embargo, es otra.

En julio del año 2000, varias organizaciones proindependencia, entre estas el PIP y el Movimiento Independentista Nacional Hostosiano, realizaron una actividad frente al Centro Metropolitano de Detención Federal en Guaynabo, mejor conocido como “la cárcel federal”. Como periodista radial, entonces, me tocó cubrir el evento, entrevistando a cada líder independentista que llegaba al área.

Entre estos, se destacaba una persona que había ocupado las primeras planas de los periódicos puertorriqueños, más que por su lucha por la independencia, por ser hermano del candidato a la gobernación por el Partido Nuevo Progresista en ese momento, Carlos Ignacio Pesquera, y decir que no votaría por este. Tan pronto llegó Farrique Pesquera, todos los periodistas corrimos hacia él para entrevistarlo. Se detuvo, contestó las preguntas de todos los periodistas, hasta que vio mi micrófono con el nombre de la emisora para la cual trabajaba en esos momentos, y me dijo: “Yo no hablo con WAPA RADIO.”

Por supuesto, insistí en que me permitiera entrevistarle, pero él continuaba “trancao a la banda”, y repetía que no hablaría conmigo, porque los dueños de esta emisora eran estadistas y no estaba de acuerdo con su línea editorial. Así, pues, se me ocurrió preguntarle: “Entonces, si Puerto Rico se convierte en una república independiente, ¿deben expulsar del país a todo el que no piense como usted?” Suspiró, me miró fijamente, gagueó, gagueó y gagueó. “Bueno, eh, no, este… No voy a hablar contigo.”

Traigo esta anécdota porque los amigos que dirigen los esfuerzos por lograr la independencia para Puerto Rico, no acaban de entender que a lo que los puertorriqueños le tenemos miedo no es a esa fórmula de estatus, sino a los líderes independentistas, su intolerancia y su evidente admiración por los gobernantes más tiranos y criminales a través del mundo. Dicen que, si fuésemos independientes, seríamos democráticos, pero se retratan con Fidel y Raúl Castro, se abrazaron con Hugo Chávez y ahora con Nicolás Maduro, elogian a los grandes dictadores, y sus seguidores no pueden ver a uno con una bandera americana, porque rápido nos insultan y, en ocasiones, hasta nos agreden.

Si Tito Kayak se trepa en un edificio para poner la bandera de Puerto Rico, le llaman patriota. Si Doña Miriam se trepa para poner una bandera americana, es una ridícula. Si Filiberto Ojeda asalta y roba la Wells Fargo, reclamando que es para adelantar la independencia, es un héroe, un patriota. Si Víctor Fajardo extorsiona a contratistas, diciéndoles que el dinero es para el partido que defiende la estadidad, es un corrupto asqueroso.

No, el problema del independentismo no es la fórmula ni el apego que tienen los puertorriqueños con los Estados Unidos. El problema son los que, con la manita monga, me ofrecen la libertad…  y dos buenas “bofetás”.

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