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Parte 1: El liderazgo que transforma adversidades

Por: Juan Fernando Cruz Torres
jubilee@jubileepr.com

Los mejores líderes son capaces de ayudar a su gente a conservar la esperanza y de modificar actitudes para optimizar resultados. Damos inicio a una serie de cápsulas dirigidas, no solo para quien pudiera estar atravesando por situaciones desafiantes, sino para quienes están en posiciones de autoridad y tienen la responsabilidad compartida de animar a otros a mantener la fe.

Juan Fernando Cruz Torres Conferenciante internacional, escritor y empresario

Juan Fernando Cruz Torres
Conferenciante internacional, escritor y empresario

Por eso es que esta serie de artículos van dirigidos, no solo para quien pudiera estar atravesando por situaciones desafiantes, sino para quienes prefieren prevenir las mismas y cuando se presenten manejarlas satisfactoriamente. Con esto en mente, y dadas las circunstancias por las que atraviesa la sociedad, me complace informarte que estaremos compartiendo a través de una serie de artículos, algunos principios, experiencias e información dirigida a trabajar de manera más satisfactoria las crisis y los desafíos de la vida.

A veces, tardamos demasiado en descubrir que no es lo que nos sucede lo que determina nuestra felicidad y los resultados en la vida. Es mi fe y cómo yo interpreto esto, incluyendo la actitud que asumo. Por tanto, no es la situación económica actual la que ha provocado tanta desdicha en muchas personas y familias, es la falta de herramientas y de destrezas para manejarla.

Aclaramos que hacemos esto, con la esperanza y oración de que Dios use lo que podamos compartir para bendecirte y para que puedas ayudar a otros. Nuestra recomendación es que si estás atravesando una situación que sientes que te está afectando o conoces a alguien que sí lo está, busques ayuda o animes a ésta a consultar a un profesional de la salud, un pastor o sacerdote.

Lo que hemos aprendido, es que necesitamos comprender que, lo que muchas personas consideran como crisis y fracasos, la mayoría de las personas más felices y exitosas los ven como resultados no deseados y, como parte de un proceso de desarrollo y crecimiento generalmente necesario para alcanzar sus metas, así como para que Dios cumpla su propósito en sus vidas.

Al igual que tú, he tenido que librar batallas en distintos frentes de mi vida. A veces, más de las que quisiera. Si me preguntas cuál es la solución a los problemas que nos aquejan tanto en lo personal y como sociedad, te contestaría lo siguiente: Ni la frustración, ni la resignación, ni la negación ni la victimización son la solución. La solución está en crecernos. Y crecernos puede implicar y significar:

  • Practicar el desapego aprendiendo a que tu paz, gozo, autoestima, seguridad y felicidad no gire alrededor de personas, de cosas ni de circunstancias. No aferrarte a ninguna otra cosa que no sean las promesas de Dios para tu vida.
  • Activar o ejercitar nuestra capacidad de adaptación. Quizás debas aprender a renunciar por algún tiempo a privilegios como:
  • Ir al cine o comer fuera regularmente.
  • Cambiar el vehículo y los enseres de la casa cada cierto tiempo.
  • Tomar vacaciones varias veces al año.
  • Estrenar ropa y/o zapatos frecuentemente.

Aprender a disfrutar de las cosas simples de la vida (acompañar la comida con un vaso de agua, disfrutar de una ducha, jugar con una mascota, leer un libro, mecerte en una hamaca, etc.) En palabras de Phil Bosman: La vida se vuelve una fiesta, cuando aprendes a disfrutar de las cosas normales.

Ser más independiente aprendiendo a cocinar y hacer lo básico para sobrevivir, pero reconociendo que no somos omnipotentes, sino interdependientes dispuestos a aceptar invitaciones de vecinos, familiares y amigos a compartir alimentos.

Ofrecernos de voluntarios para llevar u ofrecer apoyo a otros.  Esto te conciencia de lo dichosos que somos y te aleja de la posibilidad de victimizarte, ya que para poder impartir ánimo y esperanza a otros, primero tienes que llenarte tú, porque nadie puede dar lo que no tiene.

Por último, tres recomendaciones que nos ayudan a no perder la justa perspectiva de la vida:

  • No magnifiques la crisis. No pienses que no existe solución y que el fracaso es inevitable o para siempre. El que tú no veas una solución, no significa que no existe.
  • No subestimes la crisis. Pensar que un problema es tan sencillo que no necesitamos ayuda es el terreno fértil para que algo sencillo se salga de proporción. La palabra nos exhorta; “…no te fíes de tu propia prudencia”, “No seas sabio en tu propia opinión…”.
  • No te aísles involuntariamente. Procura mantener contacto con los grupos de apoyo a tu alrededor. Estos son: hermanos de la iglesia, familiares, vecinos, amigos, compañeros de trabajo o de estudios. El que tú creas que no te pueden o no les interesa ayudarte, no significa que sea así. Recuerda que todas estas personas, al igual que tú y que yo, no son clones nuestros ni son perfectos, y que; “Quien busca amigos sin defectos termina quedándose solo.”

Adoptar como filosofía de vida que una crisis es, por lo general, una oportunidad disfrazada de adversidad es un buen comienzo para superar cualquier circunstancia adversa. Comprender que; “Este es el momento y las circunstancias que nuestro buen Dios ha dispuesto para que como personas de buena voluntad hagamos la diferencia y seamos parte de la solución. Por tanto, ponte en acción y haz tu contribución. En nuestro próximo artículo estaremos compartiendo acerca de cómo desarrollar esta filosofía de vida. Mientras, mantén la calma, confía en Dios y busca ayuda.

 

El autor de este artículo es escritor, conferenciante internacional y empresario. Para contactarlo, comuníquese al Centro Para el Desarrollo del Liderazgo Inspiracional (CDLI) al (787) 708-4739 o visite la página www.jubileepr.com.

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