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Reflexión: El valor de la amistad

Drs. Carlos y Vidailna Echevarria
Psicólogos, pastores y consejeros cristianos

Poder trabajar con los sentimientos y escribir sobre las actitudes y las relaciones interpersonales es algo que siempre hemos disfrutado hacer, y el libro de Proverbios ha sido uno de los instrumentos claves por sus sabios consejos sobre cómo vivir en el aquí y ahora. El sabio Salomón en Proverbios 17:17 dice la siguiente aseveración: En todo tiempo ama el amigo y es como un hermano en tiempo de angustia. Cuántas veces te has encontrado solo, en angustia y ha llegado a ti ese amigo a escucharte, darte aliento y ser ese hombro sobre el cual llorar. Esto nos ha pasado a todos en algún momento de nuestra vida, que ese amigo, como un ángel enviado por Dios, te visita en el momento que más lo necesitas. Eso es amor y si eres una persona cristiana sabes que tienes que amar a tu prójimo y tú mismo eres la medida de ese amor (Mateo 22: 39).

(Foto/Suministrada)

Si te amas y te valoras entonces puedes amar y ser ese valioso amigo. Parece una paradoja que tienes que amarte primero para que puedas olvidarte de ti mismo e ir hacia los demás y amarles con ese amor que lleva en sí permanencia, continuidad y entrega. Este es mi mandamiento dice Dios: “Que os améis unos a otros, como Yo os he amado” (Juan 15:12-16).

Amar significa sacrificio, obediencia y amistad. Dios nos llamó amigos. Ser llamado amigo de Dios es un privilegio. No es lo mismo ser conocido o compañero de trabajo, escuela o vecino, que ser amigo. Un amigo es alguien que nos escoge, que quiere muestra amistad y disfruta de nuestra compañía y que nosotros también escogemos para compartir parte de nuestras experiencias de vida. Solo piensa que él te escogió para que seas su amigo y te enseñó la importancia del amor de los unos por los otros (San Juan 1:4-7).

Cuando pensamos en el valor de la amistad viene a nuestra mente tantas personas que a través de los años han pasado por nuestra vida, algunos dejan huellas imborrables y vinieron para quedarse.

Hacemos nuevas amistades frecuentemente, pero hay unas viejas amistades que nunca se van, que aunque ausentes físicamente, están conectadas a nosotros en nuestra mente y corazón, y aunque pasen tiempos de no saber uno del otro al verse o comunicarse, parece que nunca se hubieran separado. Es a esas amistades que decimos hoy gracias por tu amistad. Recuerda: haz nuevas amistades pero mantén las viejas. Saca tiempo y comunícate hoy con los que amas.

Dios te bendiga rica y abundantemente.

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