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Lecciones de una yegua llamada Margarita

Siempre hay una primera vez. A mí me tocó cuando estábamos vacacionando en la playa y decidimos ir, junto a una familia amiga, a correr a caballo. En nuestro grupo de diez, creo que yo era la única que lo hacía por primera vez.

(Foto/Archivo)

(Foto/Archivo)

“De los cobardes no se ha escrito nada” pensé. Me llevaron a la yegua que me transportaría, Margarita. Las instrucciones fueron rápidas: jala por aquí, patea por allá y ten cuidado que la yegua no pise piedras ni cocos. Tuve que esperar que montaran a los demás del grupo. Así me quedé como cinco minutos (que parecieron media hora) sin nada que hacer, a cinco pies de la tierra, encima de un ser viviente, y peleando con el miedo.

Dije peleando. Porque con el miedo se pelea. Recordé la famosa frase de John Wayne: La valentía es estar muerto del miedo, pero ensillar el caballo de todas maneras*. Repasé en mi mente las instrucciones. Para que caminara, tenía que patearla, así de cruel como sonaba. Así que con mis tenis de caminar pateé la yegua, y a el miedo con ella. Y Margarita, sin mucho esfuerzo, se fue detrás de los otros caballos con sus jinetes.

Equinos 101 se llamaría esta clase en la Universidad de la Vida. Pero en realidad la clase no se trataba de caballos ni yeguas. Primera lección: patear el miedo. Segunda lección: a veces si no pateas, no caminan.

A pesar de que ya había comido, cada vez que Margarita veía yerba fresca, se paraba a comer. La guía me decía que la pateara más duro y que jalara las riendas hacia la dirección contraria al manjar. Aunque yo pensaba que la yegua me guiaba a mí, en realidad era yo quien la guiaba y se supone que tuviera el control. Lo que puedas controlar, contrólalo. Lo que no, resígnate. Tercera lección.

Todo iba más o menos bien hasta que mi pie derecho se salió del estribo. La guía vino a colocarme el pie otra vez. Más tarde, en el “break”, me ajustó el estribo. Cuarta lección: Si no tienes balance, no echas pa’lante. Esto lo comprobé al rato, cuando Margarita cogió velocidad y dio curvas. Yo derechita, con balance, aunque asustada, pero sin miedo.

De regreso, quizás porque tenían sed, todos los caballos avanzaron más. Trucutú, trucutú, trucutú. Yo, derechita, armonicé mi cuerpo con el ritmo de su trote. También descubrí que no se puede perder el foco, quinta lección. Voy hacia allá. Si miro para el lado, me puedo quedar de lado, o peor aún, irme para ese lado. ¡Buenas lecciones!

Valentía, balance, control, armonía, foco. Estupendas lecciones de la Universidad de la Vida, sin matricularme. El aula fue una playa de Isabela, y la maestra fue una yegua llamada Margarita.

*Courage is being scared to death… and saddling up anyway” – John Wayne.

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